Mujeres y desigualdad en el trabajo y el empleo en Cuba
Las mujeres, sobrerrepresentadas en los graduados universitarios, todavía se encuentran muy por debajo de los hombres en salario medio, en la participación en el empleo y en la ocupación en el sector privado como empleadas o propietarias.
A Yadira AlBet, una increíble mujer cubana, aunque nunca pudimos conocernos en persona…
El diseño de política social en Cuba se basó tradicionalmente en el igualitarismo. Ese principio, aunque loable, tiene la desventaja de no considerar diferencias entre grupos demográficos para distribuir ni asignar recursos. Se entiende la oportunidad como fin en sí misma y no como un medio para construir una sociedad equitativa, no igualitaria.
Por otra parte, el gobierno cubano trató de sostener el pleno empleo como principio y realidad del panorama laboral nacional, incluso durante los años más críticos del Período Especial. El compromiso con el pleno empleo tuvo entonces otros efectos indeseados, uno de ellos el crecimiento del subempleo o desempleo oculto.[1]
El objetivo de este artículo no es el análisis longitudinal de la participación de las mujeres en el mercado laboral cubano, sino ofrecer una fotografía de las condiciones actuales a partir de los datos más recientes publicados por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) de 2022, 2023 y 2024. Con ello, se espera brindar una descripción preliminar de la manifestación de las desigualdades en el mercado de trabajo en Cuba hoy, esta vez con perspectiva de género.
Mujeres, toma de decisiones y políticas públicas en Cuba
En Cuba se ha sostenido que la integración de la mujer a la sociedad constituye un elemento fundamental para el desarrollo del país. Las mujeres tienen formalmente garantizados derechos legales por los que aún están luchando muchas de sus pariguales en el mundo.
Sin embargo, integración no es inclusión, y la inclusión no garantiza representación. El 57,4% del parlamento cubano está compuesto por mujeres. Este dato, aunque importante, muestra solamente una arista de la integración de las mujeres a la sociedad.
Aunque es la única estructura del Estado con poder formal legislativo y constitucional, y con capacidad para emitir leyes, el parlamento tiene un limitado poder real en la toma de decisiones (Bahamonde, 2024a). Solo se reúne dos veces al año. El resto del tiempo delega sus funciones legislativas en el Consejo de Estado.
De los veintiún miembros del Consejo de Estado, once son mujeres. Sin embargo, hay otras dos estructuras de poder esenciales en la toma de decisiones en Cuba, y en ninguna de las dos las mujeres están proporcionalmente incluidas.
El Buró Político del PCC solo tiene tres mujeres entre sus trece miembros, y el Consejo de Ministros —la única estructura burocrática del gobierno cubano con poderes legislativos y ejecutivos—, solo tiene cinco mujeres entre sus 32 miembros. Adicionalmente, solo hay una mujer entre los cinco viceministros primeros del país.
Estos datos sobre la inclusión de mujeres en la toma efectiva de decisiones son relevantes. El diseño de políticas ha descuidado, de alguna manera, las diferencias de las necesidades entre mujeres y hombres emanadas de las complejas relaciones sociales y de las dinámicas de género que se han perpetuado y normalizado. Ponen sobre las mujeres responsabilidades que los hombres rara vez asumen, como los cuidados y las tareas domésticas.
En periodos de crisis, la vulnerabilidad de las mujeres se multiplica. Particularmente, la pandemia de la COVID19 afectó el progreso de las mujeres porque el cierre de las escuelas, círculos infantiles y otras instalaciones de cuidados, multiplicó el peso de sus responsabilidades.
Múltiples factores influyen en la condición subordinada de las mujeres en el mercado laboral cubano contemporáneo. La crisis ha multiplicado el efecto acumulado de decisiones de políticas públicas que las han excluido del acceso a la acumulación de capital.
Algunas de esas decisiones emanan del principio de igualitarismo que prima en el diseño de políticas públicas, y parte de la concepción de la oportunidad como fin, y no como medio. Por ejemplo, desde 1993 hasta 2021, las actividades autorizadas para ejercer por cuenta propia eran categorías ocupacionales en las que los hombres tenían una representación muy superior a la de las mujeres, como obreros y trabajadores de servicios.
Las mujeres tradicionalmente se concentran en ocupaciones profesionales y técnicas, excluidas por décadas del sector privado (Núñez Sarmiento, 2015 p.117)[2]. Esta política, sostenida durante décadas, mutiló aún más sus probabilidades de acumular capital y participar del sector privado, y cementó las desigualdades de género.
Las mujeres en el mundo post-Covid19
La reincorporación o permanencia de las mujeres en el trabajo remunerado en el mundo en la postpandemia ha sido más lenta y menos efectiva que la de los hombres.
Continúan más representadas en todos los grupos vulnerables con respecto al trabajo remunerado, y fueron significativamente más afectadas por la crisis generada por la pandemia.
En 2022, habían perdido el 5% de sus empleos frente a una pérdida del 3.9% entre hombres; la pérdida estimada en salarios fue del 8.1% para mujeres y del 5.4% para hombres; y el 53.4% de las mujeres reportaron dedicar más horas a las tareas de cuidados —sin remuneración— frente a solo el 20.9% de los hombres (Women Returning to Work in a Post-Pandemic World: Busting the Myths of Flexibility and Choice, 2022).
Utilizando información de la Encuesta Nacional sobre Igualdad de Género de 2018 (con datos colectados en el 2016), Maqueira y Torres (2021) mostraron que las mujeres cubanas dedican 14 horas más semanales a los trabajos de cuidados no remunerados (Centro de Estudios de la Mujer & Centro de Estudios de Población y Desarrollo, 2018; Maqueira & Torres, 2021, p. 122).
Se puede inferir entonces que la crisis de la pandemia y la crisis económica en Cuba pueden haber incrementado esas horas para las mujeres cubanas, como pasó en el resto del mundo, con un costo crucial en su integración a la economía.
Las mujeres en el contexto cubano actual
La expansión y distribución geográfica y demográfica de la crisis cubana no es homogénea. Las zonas rurales, las provincias más pobres y los grupos más vulnerables como ancianos, personas no blancas, mujeres y niños, han sido los más afectados.
Algunos estudios muestran que en Cuba las mujeres y las personas negras son más afectadas por la pobreza y las desigualdades; asimismo, que tienen una menor representación en actividades y sectores económicos emergentes más lucrativos (Espina Prieto, 2015, p. 217).
La participación de las mujeres en el trabajo y el empleo ofrece una mirada fundamental para comprender su inclusión en la sociedad.
Otro factor determinante, dado el rol de las mujeres en los cuidados, es el deterioro y reducción de la calidad y variedad de esos servicios en un contexto de envejecimiento poblacional y alta emigración de ciudadanos fundamentalmente jóvenes (Albizu-Campos & Díaz-Briquets, 2023). Ello puede generar estrés adicional sobre las mujeres y limitar su acceso a posiciones de mejor remuneración por no disponer del tiempo y las condiciones para ejercer esas ocupaciones.
También vale señalar que la crisis económica y social fuerza a las mujeres a destinar a los cuidados no solo tiempo, sino una parte mayor de sus ingresos, lo cual las empobrece aún más.
Las mujeres en el mercado laboral cubano
Las mujeres conforman la mayor proporción de graduados universitarios en Cuba, con más del 50% de los graduados totales, más del 60% en casi todos los cursos desde 2011-2012. Solamente en el año académico 2019-2020 constituyeron el 38% del total de graduados, el mismo año del cierre de la enseñanza presencial por la pandemia de la COVID19.
Se puede asumir que una proporción de las mujeres estudiantes tuvo que dedicar más tiempo a cuidados, lo cual las forzó a posponer la culminación de sus estudios. La recuperación de las mujeres en los cursos que siguieron es una muestra elocuente de ello.
La Encuesta Nacional de Ocupación publicada por la ONEI en 2024 ofrece una fotografía de la situación del empleo durante ese año. Las mujeres constituyen solamente el 38.3% de la población ocupada en Cuba. Ni siquiera en las provincias de mayor ocupación femenina la proporción alcanza la mitad del total de ocupados: Santiago de Cuba (42.1%), La Habana (41.3%), Guantánamo (40.9%) y Matanzas (40.2%) (Informe de Resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación - ENO 2024, 2025, Tabla 2).
La tasa de ocupación femenina en Cuba es del 36.8%, superada ampliamente por la tasa de ocupación masculina del 61.6% (Informe de Resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación - ENO 2024, 2025, Tabla 2).
El anuario estadístico de CEPAL reporta una tasa de ocupación femenina en América Latina del 52% y de 58.8% en el Caribe, ambas muy superiores a la de Cuba (Social Statistics - Statistical Yearbook for Latin America and the Caribbean 2025 - CEPALSTAT Statistical Databases and Publications, s/f).
La ocupación femenina en Cuba tiene un comportamiento muy por debajo de la región. Comparativamente, resulta preocupante que Cuba, que se ha llamado abanderada de la integración de la mujer en la sociedad, se encuentre en una posición tan desventajosa cuando se trata de la presencia de las mujeres en el empleo remunerado, sobre todo cuando constituyen la proporción más alta de los graduados universitarios.
Gráfico 1. Tasa de ocupación total y femenina en países seleccionados, América Latina y el Caribe (2024).
Fuente: Elaboración propia con datos de la ENO 2024 y Social Statistics - Statistical Yearbook for Latin America and the Caribbean 2025 - CEPALSTAT Statistical Databases and Publications.
Las mujeres constituyeron más del 60% de los graduados de educación superior en los cursos 2021-22, 2022-23, y fueron el 72% del total de graduados universitarios en Cuba en el curso académico 2023-2024. Este dato se refleja en la alta proporción de mujeres ocupadas como profesionales, científicos e intelectuales (34.1%) del total de ocupadas en comparación con solo el 12.2% del total de hombres ocupados dedicados a esas ramas.
La distribución de los hombres ocupados por categoría laboral es más homogénea que en el caso de las mujeres, lo cual indica la persistencia de la reducida participación femenina en algunas ramas técnicas y productivas tradicionalmente dominadas por los hombres (Informe de Resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación - ENO 2024, 2025, Tabla 5).
Hay una sobrerrepresentación masculina en la categoría de directores y gerentes (58.4%) que cobra relevancia comparada con la mayoría de mujeres graduadas de carreras directamente vinculadas a la administración como las de áreas económicas y que constituyen el 63.4% de los profesionales, científicos e intelectuales (Informe de Resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación - ENO 2024, 2025, Tabla 6; ONEI, 2025, Tabla 18.19, 18.20).
Gráfico 2. Total de graduados universitarios por curso académico por sexo.
Fuente: Elaboración propia con datos de la ONEI (2015, 2020, 2024).
Las mujeres empleadas en el sector estatal y mixto constituyen mayoría en muchas actividades económicas con salarios por debajo del promedio nacional, como educación y salud pública, por ejemplo (Ver Tabla 1).
Este elemento, sumado a la baja participación femenina en las actividades de mayor remuneración en el sector privado, ofrece una perspectiva de la posición desfavorable de mujeres en la estructura de ingresos en Cuba. Maqueira y Torres alertaban sobre la vulnerabilidad de las mujeres cubanas para reinsertarse al trabajo remunerado después de la COVID19, particularmente considerando su rol preponderante en los sectores de la salud y la ciencia, y su rol fundamental como cuidadoras (Maqueira & Torres, 2021, p. 121).
Tabla 1. Salario medio por actividad económica en pesos cubanos (2023) y tasa de participación de las mujeres en el empleo por actividad económica (2022).
Fuente: Elaboración propia con datos de la ONEI, 2024, 2025.
El Estado cubano ha transitado lentamente de una posición de empleador casi exclusivo en los años 80 del pasado siglo, a emplear a alrededor del 68.5% de la población ocupada en 2024 (Informe de Resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación - ENO 2024, 2025, p. 20).
Desde la crisis de los años 90 los profesionales cubanos han tenido que enfrentar el dilema de abandonar sus profesiones y moverse hacia el sector privado o de propiedad mixta, o el turismo, a fin de mejorar sus niveles de vida o mantenerse ejerciendo sus profesiones en sectores controlados por el Estado con una baja remuneración económica.
Ambas decisiones tienen costos y oportunidades. El sector estatal se ha reducido significativamente desde la Actualización impulsada por Raúl Castro; la expansión del sector privado se ha diseñado e implementado como una solución o alternativa válida de empleo ante una contracción del empleador fundamental, no como complemento necesario que contribuya al crecimiento y desarrollo económico y social (Bahamonde, 2024b).
La actual crisis ha puesto esa lógica a prueba. Paulatinamente el sector privado nacional ha ido ganando espacio no solo como empleador sino como proveedor de bienes y servicios que cada vez el Estado cubano está en peores condiciones de ofrecer.
Pero desde las relaciones laborales el sector privado aún tiene mucho que ganar en materia de respeto a la legislación laboral vigente y los derechos de los trabajadores cubanos. Aunque no es el objetivo de este artículo, ese tiene impacto en la participación de las mujeres en un área de la economía que ofrece mejores ingresos que el sector estatal.
La integración femenina en el sector privado enfrenta muchas dificultades, desde discriminación hasta la inflexibilidad y violaciones de regulaciones laborales, como horarios de trabajo, vacaciones pagadas, licencias de maternidad que, de respetarse, permitirían a las mujeres participar más activamente en ese sector.
El reflejo de esta realidad en los números es impactante. Por ejemplo, las mujeres solamente constituyen el 20.3% de los socios de micro, pequeña o mediana empresa privada o mixta, solo el 31.4% de los contratados por estas, solo el 20.6% de los trabajadores por cuenta propia sin trabajadores contratados, el 24.5 de los trabajadores por cuenta propia con trabajadores contratados, y el 29% de los contratados por TCPs (Informe de Resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación - ENO 2024, 2025, Tabla 10).
El 90% de la ocupación informal en Cuba se concentra en el sector no estatal. Como norma, las mujeres no superan a los hombres en su participación en la ocupación informal. Sin embargo, de las cuatro provincias con mayor ocupación informal —La Habana (19.6%), Santiago de Cuba (10.1), Holguín (8.9) y Camagüey (8.7)—, la proporción de mujeres dedicadas a ese trabajo supera a la proporción de hombres en La Habana (28.3%) y Santiago de Cuba (13.1%), y casi los igualan en Camagüey (8.8%) (Informe de Resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación - ENO 2024, 2025, Tabla 15).
La población cubana se concentra en áreas urbanas, así que no sorprende que la mayor parte del trabajo informal se encuentre en provincias con ciudades más densamente pobladas. La mayor participación de las mujeres en el trabajo informal en las ciudades pudiera deberse a factores relacionados con la discriminación de género persistente y con las dificultades para integrarse formalmente al sector privado de la economía.
El desproporcionado rol de cuidadoras que asumen las mujeres en los hogares cubanos las hace aún más vulnerables a trabajos inseguros pero flexibles, más comunes en la informalidad.
A pesar de que las mujeres constituyen el 57.8% de las personas que dedican horas al trabajo en el autoconsumo, y el 54.7% de las personas que dedican horas al trabajo voluntario, los datos no arrojan correlación significativa entre esas variables[1] y la participación en la informalidad (Informe de Resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación - ENO 2024, 2025, Tablas 15, 22, 23).
Por esa razón, sería recomendable una investigación que profundice en las causas de la concentración de la informalidad femenina en las ciudades.
Aunque la tasa de desempleo femenina en Cuba es del 2% (contra un 1.5% en los hombres), lo que verdaderamente preocupa es que del total de población fuera de la fuerza de trabajo (15 años o más) —50% de la PEA—, el 63.5% es femenina.
Del 30% de las personas fuera del mercado de trabajo (PFFT, como las clasifica la ONEI), que se dedican a los quehaceres del hogar, solo el 0.6% son hombres (Informe de Resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación - ENO 2024, 2025, Tabla 21).
Esta desproporción muestra que la mayoría de las mujeres no integradas al trabajo remunerado se ocupan de las tareas domésticas y de cuidados.
Las mujeres no están sobrerrepresentadas en ninguna otra área, ni siquiera en la categoría estudiantes. Solo superan a los hombres ligeramente en otra categoría, pensionadas por edad, lo que se puede explicar por la más alta esperanza de vida femenina (80 años) sobre la masculina (75 años) (ONEI, 2025, Tabla 3.17).
Gráfico 3. Población fuera de la fuerza de trabajo (%).
Fuente: Elaboración propia a partir de ENO (2024), Cuadro 21.
Conclusiones
El diseño de políticas públicas en Cuba no tiene rostro de mujer. Aunque con alta participación en el parlamento, aún queda mucho camino por recorrer para lograr la verdadera representación de las mujeres en la toma de decisiones. Como también demostró Mala Htun, inclusión no garantiza representación, aunque es un paso definitivo que nos acerca más a ella (Htun, 2016).
Las mujeres que participan en la toma de decisiones están limitadas por varios factores: afiliación política, la persistencia de una sociedad profundamente patriarcal, donde aún prima el lente masculino en la interpretación de los problemas de políticas públicas y en las propuestas de soluciones, y la inevitable discriminación de género que acompaña esas perspectivas.
Las mujeres, sobrerrepresentadas en los graduados universitarios, todavía se encuentran muy por debajo de los hombres en salario medio, en la participación en el empleo y en la ocupación en el sector privado como empleadas o como propietarias.
Por contraste, constituyen la mayoría en empleos de menor remuneración o en el trabajo no remunerado, como quehaceres del hogar y cuidados de familiares.
Para revertir esta situación, Cuba necesita repensar la política social y económica, cambiar el foco de la oportunidad como fin a la oportunidad como medio y mover la aguja del criterio de igualitarismo a la equidad.
En resumen, las políticas deben enfocarse en la creación de condiciones reales para que las mujeres cubanas accedan no formalmente, sino de forma efectiva a oportunidades similares a las de sus pares hombres.
Referencias
Albizu-Campos, J. C., & Díaz-Briquets, S. (2023, enero 26). Cuba y la emigración. La salida como voz [Cuba and Emigration: Departure as a Voice]. Horizonte Cubano - Cuba Capacity Building Project.
Bahamonde, T. L. (2024a). The Cuban State Decision-making Process during Reforms (1990-2018) [Doctoral Dissertation, University of Delaware].
Bahamonde, T. L. (2024b, septiembre 26). El gradualismo en el diseño de las políticas públicas sobre el sector privado e Cuba [Incrementalism in Public Policy Design about Domestic Private Sector in Cuba] [Columbia Law School]. Horizonte Cubano - Cuba Capacity Building Project.
Centro de Estudios de la Mujer & Centro de Estudios de Población y Desarrollo. (2018). Encuesta Nacional sobre Igualdad de Género ENIG-2016. Informe de Resultados [National Survey on Gender Equality ENIG-2016: Results Report].
Espina Prieto, M. (2015). Reforma económica y política social de equidad en Cuba [Economic Reform and Social Policy for Equity in Cuba]. En M. Espina Prieto & D. Echevarría León (Eds.), Cuba: Los correlatos socioculturales del cambio económico (pp. 197–223). Ciencias Sociales & Ruth Casa Editorial.
Htun, M. (2016). Inclusion without Representation in Latin America. Gender Quotas and Ethnic Reservations. Cambridge University Press.
Informe de Resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación—ENO 2024. (2025). Oficina Nacional de Estadistica e Información de Cuba (ONEI).
Maqueira, A., & Torres, A. (2021). Cuba in the time of COVID-19: Untangling gendered consequences. Agenda, 35(4), 117–128.
Mesa-Lago, C. (2010). El desempleo en Cuba: De oculto a visible [Unemployment in Cuba: From Hidden to Visible]. Espacio Laical, 4, 59–66.
Núñez Sarmiento, M. (2015). La cara de género del “cuentapropismo” habanero [The Gender Face of “Self-employment” in Havana]. En M. Espina Prieto & D. Echevarría León (Eds.), Cuba: Los correlatos socioculturales del cambio económico (pp. 113–127). Ciencias Sociales & Ruth Casa Editorial.
ONEI. (2024). 2023 Statistical Yearbook. Cuba. Oficina Nacional de Estadisticas de Cuba (ONEI).
ONEI. (2025). 2024 Statistical Yearbook. Cuba. Oficina Nacional de Estadisticas de Cuba (ONEI).
Social Statistics—Statistical Yearbook for Latin America and the Caribbean 2025—CEPALSTAT Statistical Databases and Publications. (s/f). Recuperado el 8 de mayo de 2026, de
Women returning to work in a post-pandemic world: Busting the myths of flexibility and choice. (2022). Innovation Foundation.
[1] Carmelo Mesa-Lago calculó el desempleo oculto entre 11.4% y 26.9% de la Población Económicamente Activa (PEA). Mesa-Lago, 2010, p. 62.
[2] En 2019, justamente antes de recibir el impacto combinado de la crisis de la Covid19 y la implementación de la Tarea Ordenamiento, las mujeres aún constituían el 17% de los operarios y el 45.1% de los trabajadores de los servicios. Sin embargo, por contraste, ese mismo año 2019 eran el 66% de los ocupados en posiciones técnicas, y el 68.6% de los ocupados en posiciones administrativas.
