Cuba, China y Vietnam: el nuevo libro de Carmelo Mesa-Lago

Juan Carlos Albizu-Campos Espiñeira

Carmelo Mesa-Lago nos ha regalado una obra sobre Cuba que constituye una pieza única y extraordinaria en su carácter de integración del saber de los más diversos campos del conocimiento.

February 23, 2026

Un modelo sociopolítico y dos modelos económicos

En Comparing Socialist Approaches. Economics and Social Security in Cuba, China and Vietnam (Pittsburgh University Press,2025)Carmelo Mesa-Lago nos ofrece su más reciente y enriquecedora mirada a sus estudios fundacionales en materia de la relación entre la economía, los sistemas de pensiones y la indisoluble interconexión entre los modelos de reforma de ambas dimensiones, así como con la política, esta vez en Cuba, China y Vietnam. Tres países que se distinguen por ser paradigmas de dos modelos socioeconómicos socialistas: el de planificación centralizada y el que se ha dado en llamar “socialista de mercado”. 

Lectura obligada para todos los académicos y estudiosos interesados tanto en Cuba misma como en el tratamiento sobre su información, su desempeño económico en los últimos años, el rol de las reformas, y el impacto en su sistema de pensiones y seguridad social. Podríamos adelantar, desde ya, que el sistema cubano adolece demostradamente de toda capacidad de sustentabilidad. 

La primera contribución del estudio es, sin dudas, el acercamiento metodológico al ejercicio de comparación que establece con otros dos modelos socialistas contemporáneos.

Con la idea de poner a prueba el criterio de comparabilidad entre Cuba, China y Vietnam —hecho que otros dan por sentado sin hacer esfuerzo alguno por demostrarlo—, su enfoque comparativo parte precisamente de analizar críticamente la comparabilidad de establecer un contraste entre el modelo cubano, en el que predomina el enfoque de economía centralmente planificada, basada en el funcionamiento de las empresas estatales como actores económicos principales. Y con un tímido modelo de reformas en el que cualquier avance es siempre contrarrestado con medidas de coerción de la iniciativa privada. 

En el caso de China y Vietnam, se trata del socialismo de mercado con una fuerte presencia de empresas privadas bajo regulación estatal.

Con una asombrosamente abundante bibliografía, profusión de datos de fuentes diversas y una fecunda utilización de toda la información disponible y a su alcance —incluyendo la ofrecida por cada país—, el autor muestra la originalidad y pertinencia de aplicar la metodología comparativa, así como el uso de los principios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en tanto marco para sustentar la evaluación de las semejanzas y diferencias en los respectivos sistemas de pensiones y de seguridad social. Se trata de la comparación original y amplia de dos modelos económicos distintos en enfoque, aplicación y resultados en un mismo sistema sociopolítico, socialista, de partido único e ideología comunista.

De una parte, Cuba

Como Mesa-Lago ha documentado, Cuba mantiene un modelo de economía centralmente planificada con predominio de las empresas estatales como actores fundamentales, en detrimento de un sector privado fuertemente controlado, formado por los llamados cuentapropistas, las cooperativas y las pequeñas y medianas empresas. Fueron resultados de un modesto plan de reformas parciales autorizando su actividad. Y ello en un contexto de estancamiento económico, baja productividad, multiplicidad monetaria y cambiaria, dolarización parcial, escasez permanente, descapitalización industrial, deformación estructural de las inversiones, endeudamiento crónico, dependencia a subsidios externos, inflación galopante y grave incapacidad de proveer los bienes y servicios necesarios para satisfacer las necesidades básicas de la población, mientras se desarrolló tempranamente un sistema de seguridad social, de forma rápida y expansiva, que resultó financieramente insostenible a partir del pobre desempeño económico y la elevada dependencia de la asistencia externa, sobre todo de la Unión Soviética y luego de Venezuela.

Sin embargo, basado fundamentalmente en la asistencia soviética y de los países socialistas europeos, el gobierno cubano logró cerrar la brecha urbano-rural y desarrollar sistemas de educación y salud pública universales y gratuitos. Y una seguridad social y de pensiones igualmente universales, probablemente la más avanzada de la región latinoamericana hacia finales de la década de los 80 y más aventajada que la de muchos países socialistas de Europa central y del Este. Se logró mediante un financiamiento estatal sostenidamente creciente, probablemente el mayor en América Latina, aunque el subsistema de asistencia social permaneció en un estado menos desarrollado y quedó muy rezagado y sin solución definitiva el problema de la vivienda. 

Como resultado, el creciente costo de los servicios sociales, en general, y del sistema de seguridad social en particular, no pudo seguir siendo sostenido por el modelo económico. Tuvo que ser drásticamente reducido de acuerdo con la capacidad económico-productiva de la nación. El costo, la cobertura y la calidad de esos servicios cayeron severamente, incluyendo la reducción del acceso in situ y la calidad de la salud pública. Y también la capacidad adquisitiva de las pensiones, el número de beneficiarios de la asistencia social y el monto de los ingresos percibidos por los beneficiarios.

Dos modelos alternativos 

En el otro extremo del espectro comparativo, Mesa-Lago sitúa a China y Vietnam, que comparten con Cuba el mismo sistema sociopolítico, sea socialismo, de partido único, también comunista, pero cuyo modelo económico actual es el llamado “socialismo de mercado” a partir de la aplicación de amplias y profundas reformas económicas  que desmontaron el enfoque de economía centralmente planificada a fin de otorgarle un papel predominante al mercado y a las empresas privadas. Y para reducir el rol de las empresas estatales. La notoriedad de estos dos ejemplos viene dada por haber partido de situaciones sociales incluso más atrasadas en el momento en que iniciaron sus modelos de reformas.

China

Comenzada en 1978, la reforma aplicada por China, a grandes rasgos, como describe Mesa-Lago, comenzó por la liberalización agrícola, la creación de zonas económicas especiales y una amplia apertura a la inversión extranjera en un contexto de expansión de las empresas privadas y mixtas bajo control estatal, así como aquellas que seguían siendo estatales y que aún representan una parte fundamental de sus activos en áreas clave como energía, telecomunicaciones, banca, defensa e infraestructura mientras contribuyen significativamente al PIB (alrededor del 30% o más). Han impulsado la innovación y la estabilidad, a pesar de la presencia de un fuerte sector privado.

Como resultado, la economía china ha experimentado un crecimiento sostenido y se ha registrado una drástica reducción de la pobreza, aunque desde el punto de vista social también se verifica un aumento de las desigualdades regionales y sociales. El rasgo más sobresaliente consiste en la capacidad de adaptación del modelo y de sustentabilidad de los programas y servicios sociales, incluyendo la seguridad y la asistencia sociales. Y dada la confrontación entre los estilos ideológicos chinos y soviéticos y su competencia en términos de liderazgo en el conjunto de los países socialistas, no tenía el mismo nivel de dependencia económica en relación con Europa del Este y la URSS que en los casos de Cuba y Vietnam. Por ello el colapso del socialismo en esos países tuvo un impacto menos dañino en el país asiático. El hecho de haber comenzado sus reformas económicas una década antes del colapso, y el crecimiento económico generado, fueron factores decisivos en la mitigación del impacto.

Contrariamente al caso cubano, China tenía un pobre sistema de servicios sociales, en general, y de seguridad social, en particular, con muy bajos costos, un número muy reducido de beneficiarios con unas pobres prestaciones, incapaces de resistir las reformas orientadas a establecer una economía de mercado. Solo debido al desarrollo económico alcanzado a través de la implementación de esas reformas, y las consecuentemente elevadas tasas de crecimiento del PIB, los salarios se elevaron mientras el desempleo y la pobreza se redujeron. La cobertura, la calidad y los beneficios de la seguridad social se expandieron en virtud de la creciente sostenibilidad aportada por la expansión económica. Esta proveyó los recursos necesarios para el desarrollo de los servicios de salud y la expansión de los servicios y seguros sociales, que recibieron porcentajes crecientes de los ingresos del PIB y fiscales. El resultado ha sido que un billón de trabajadores en los recursos laborales estaban cubiertos por sistemas de pensiones y una población de 1.35 billones tenía acceso a los servicios de salud en 2021.

Además, China tiene un sistema mixto de seguridad social en el que las prestaciones estatales se combinan con facilidades privadas en salud a través de copagos por parte de los usuarios. De conjunto, el país ha cubierto completamente todas las cuentas de pensiones individuales.

Vietnam

De la misma forma que en los casos de Cuba y China, el modelo económico y de reformas vietnamitas, conocido por Doi Moi, es igualmente explorado y analizado en detalle por Mesa-Lago. Aprobado por el VI Congreso del Partido Comunista de Vietnam en 1986, el Doi Moi constituye uno de los procesos de reestructuración económica más profundos y exitosos dentro del socialismo contemporáneo. Como subraya el propio autor, Vietnam emprendió un viraje sistémico que no implicó abandonar el marco político del partido único, sino redefinir el funcionamiento económico del socialismo mediante la introducción de mecanismos de mercado, la apertura internacional y una reconfiguración del papel del Estado. Este giro respondió inicialmente a una crisis estructural caracterizada por el estancamiento productivo, la inflación elevada y la escasez crónica. Pero terminó consolidándose como un modelo híbrido capaz de sostener crecimiento acelerado y mejoras sociales significativas.

Un primer eje de la reforma fue la descentralización económica, orientada a reducir el control absoluto sobre la producción y la asignación de recursos. Las empresas estatales obtuvieron mayor autonomía para fijar precios, contratar fuerza de trabajo y retener beneficios mientras los gobiernos provinciales y locales adquirieron competencias decisivas en materia productiva y regulatoria. Esta descentralización no supuso una retirada del Estado, sino una transición hacia un rol más estratégico, centrado en la regulación, la planificación indicativa y la coordinación territorial. 

El segundo componente estructural fue la apertura comercial y la reinserción internacional. Vietnam abandonó el modelo autárquico y adoptó una estrategia orientada a las exportaciones, normalizando relaciones económicas con Occidente y con instituciones financieras multilaterales. La liberalización del comercio exterior, junto a la reducción de barreras arancelarias, facilitaron la integración del país en las cadenas globales de valor. Este proceso se complementó con políticas activas para atraer inversión extranjera directa (IED) mediante la creación de zonas económicas especiales, incentivos fiscales y marcos regulatorios favorables a las empresas mixtas. La IED, especialmente procedente de Asia oriental, se convirtió en un motor clave de industrialización ligera, manufactura exportadora y transferencia tecnológica.

Vietnam registró tasas de crecimiento del PIB sostenidas y superiores al promedio regional, impulsadas por la modernización agrícola, la expansión manufacturera y el dinamismo del sector servicios. La reforma agrícola —basada en contratos familiares, la liberalización de precios y los estímulos a la productividad—, generó excedentes y elevó los ingresos rurales, creando una base social favorable a la continuidad de las reformas. Este crecimiento se tradujo en una drástica reducción de la pobreza, que pasó de niveles superiores al 70% en los años 80 a cifras de un solo dígito en la década de 2010.

Portada del libro Comparing Socialist Approaches de Carmelo Mesa-Lago. Sobre un fondo azul claro aparecen tres banderas ondeando: la de China, la de Cuba y la de Vietnam, dispuestas en distintos planos. En la parte inferior se lee el título en letras blancas y el subtítulo, que alude al análisis comparado de economía y seguridad social en estos tres países.

El crecimiento económico permitió un aumento sostenido de los salarios reales, sobre todo en sectores vinculados a la exportación y la inversión extranjera. Paralelamente, Vietnam expandió y reformó su sistema de servicios sociales con mejoras en educación, salud y acceso a infraestructura básica. Fortaleció la cobertura de seguridad y asistencia social, incorporando mecanismos contributivos y no contributivos que ampliaron la protección frente a riesgos laborales, enfermedad, vejez y pobreza extrema. Asimismo, la transición hacia una economía más dinámica y diversificada contribuyó a reducir el desempleo, acompañada por la expansión del empleo formal en manufactura, construcción y servicios. 

Paralelismos entre ambos modelos de reforma

Mesa‑Lago identifica claros paralelismos estructurales entre Vietnam y China, en especial en la secuencia reformista. Ambos países priorizaron la transformación económica sin modificar el monopolio político del partido comunista; iniciaron las reformas por el sector agrícola; permitieron la coexistencia de empresas estatales reformadas con un sector privado dinámico; y adoptaron una apertura internacional controlada, presidida por criterios pragmáticos, más que ideológicos. En los dos casos, la retórica socialista se mantuvo, pero subordinada a la eficacia económica y al objetivo de elevar el bienestar de la población.

Todo ello, además, fue posible a pesar de la fuerte dependencia de Vietnam a la asistencia soviética, que llegó a alcanzar un monto equivalente a cuatro quintas partes del PIB de Vietnam del Norte en 1975. Al igual que el proceso de reformas chino, el Doi Moi comenzó antes de que se produjera el colapso del socialismo en la Unión Soviética, Europa central y del Este, y se logró un crecimiento económico sostenido que amortiguó la caída del comercio y de la ayuda proveniente de la URSS. Lo que no fue el caso cubano, en el que la desaparición del llamado campo socialista desató la aguda crisis económica conocida como “Período Especial en Tiempos de Paz”.

Finalmente, uno de los rasgos distintivos del caso vietnamita es su flexibilidad institucional. Tanto China como Vietnam han mostrado una notable capacidad para ajustar políticas frente a shocks externos —como la crisis asiática de 1997 o la crisis financiera global de 2008— mediante reformas, evaluadas empíricamente y corregidas cuando generaban distorsiones. Esta adaptabilidad se apoyó en la coordinación entre niveles de gobierno, la apertura al aprendizaje internacional y la disposición a modificar instrumentos sin alterar los principios generales del modelo. La flexibilidad institucional explica en gran medida la resiliencia del crecimiento vietnamita y su capacidad para sostener mejoras sociales en un contexto de transición hacia una economía de mercado socialista.

Envejecimiento demográfico, sistemas sociales y sostenibilidad económica

El análisis comparado entre Cuba, China y Vietnam emprendido por Mesa‑Lago revela que pese a compartir un marco político socialista y una tradición de provisión estatal amplia, los tres países enfrentan dinámicas demográficas y desafíos de sostenibilidad social profundamente divergentes. El envejecimiento de la población, la estructura de sus sistemas de seguridad y asistencia social y la capacidad fiscal para sostenerlos dependen, en gran medida, del modelo económico adoptado por cada país desde las reformas de mercado en Asia y la ausencia de reformas estructurales en Cuba.

Envejecimiento demográfico. Ritmos y magnitudes diferenciadas

Cuba, China y Vietnam experimentan un proceso de envejecimiento demográfico. El de la isla es el caso más avanzado y acelerado, en el que la peculiaridad consiste en que su población ha completado el proceso de revolución demográfica, mientras que el modelo económico ha fallado en materializar su "revolución productiva". China y Vietnam, aunque envejecen con rapidez, lo hacen desde estructuras económicas más dinámicas, capaces de dar sostenibilidad tanto a la satisfacción de las necesidades de su población como a los sistemas sociales orientados a esta.

Como advierte Mesa-Lago, Cuba muestra uno de los perfiles demográficos más envejecidos del mundo en desarrollo con una muy baja fecundidad, persistente, y una emigración elevada que consolida ese envejecimiento. El resultado es una alta proporción de personas mayores (4 de cada 10 personas tienen edades de 60 años y más), una creciente dependencia demográfica y presión intensa sobre los sistemas de pensiones y salud. Por su parte, China también enfrenta un envejecimiento acelerado, resultado de décadas de la política del hijo único y de mejoras sanitarias. Sin embargo, su transición demográfica ocurre en un contexto de robusto crecimiento económico y diversificación productiva, lo que le ha permitido ampliar la base contributiva y financiar reformas paramétricas. Vietnam, aunque envejece más lentamente que China, se dirige a una estructura demográfica madura. Su fecundidad ha descendido y la esperanza de vida ha aumentado, pero el país aún disfruta de una ventana demográfica favorable que sostiene su crecimiento y facilita la expansión de la protección social.

Cuba envejece sin crecimiento. China y Vietnam lo hacen en contextos de economías en expansión, lo que condiciona de manera decisiva la sostenibilidad de sus sistemas sociales.

Sistemas sociales, seguridad y asistencia social: convergencias y divergencias

Como muestra Mesa‑Lago, los tres países comparten la aspiración socialista de garantizar servicios universales, pero sus sistemas han evolucionado de manera distinta según el modelo económico adoptado. En Cuba, hay un sistema que conserva su diseño universalista, muy tensionado por las restricciones económicas que afectan al país, altamente estatalizado, con amplia cobertura en salud, educación y pensiones. Sin embargo, la debilidad económica crónica, la baja productividad y la limitada diversificación fiscal han generado deterioro de servicios sociales, pensiones de bajo poder adquisitivo, creciente carga financiera sobre el presupuesto estatal y dificultades crónicas para sostener la universalidad en condiciones de envejecimiento demográfico acelerado. La ausencia de desarrollo y la severa y persistente crisis económica han colocado a la isla en serios problemas de sostenibilidad. Es un sistema con cobertura amplia en salud y educación, con infraestructura muy deteriorada, problemas infranqueables de financiamiento insostenible y un elevado deterioro de la calidad y escasez de recursos. Su rasgo fundamental es el contraste entre los logros sociales y la debilidad económica.

Con una expansión mixta y de diversificación de fuentes de financiamiento, China ha desarrollado un sistema mixto en el que coexisten seguros sociales contributivos, programas asistenciales focalizados y provisión pública combinada con actores privados. Las reformas económicas permitieron ampliar la base contributiva, elevar los salarios y financiar mejoras en salud, las pensiones y la asistencia social. Aunque persisten desigualdades urbano‑rurales, ha logrado incrementar la cobertura y mejorar la sostenibilidad fiscal mediante crecimiento económico, reformas paramétricas y diversificación institucional. Se trata de la transición de un sistema colectivo a uno mixto con combinación de cuentas individuales y fondos estatales. Hay un sistema de salud con expansión de seguros rurales y urbanos, aunque con persistencia de desigualdades en el acceso y la calidad mientras se enfrentan la fragmentación del sistema y los retos de equidad.

Por su parte, el modelo de Vietnam es de una expansión gradual con equilibrio entre universalismo y mercado. Sigue un camino intermedio en el que mantiene un compromiso con la provisión estatal, pero ha introducido mecanismos de mercado y esquemas contributivos e incluye ampliación de la cobertura de salud y pensiones, el fortalecimiento de programas de asistencia social, las mejoras en salarios reales y la reducción del desempleo, así como una sostenida expansión del empleo formal gracias al dinamismo económico. Un modelo de reformas inspiradas en China, con introducción de seguros sociales y médicos, con cobertura creciente, aunque aún limitada en sectores informales. El reto fundamental consiste en la interacción entre sostenibilidad financiera y equidad, con un avance rápido pero desigual. 

Aun cuando el sistema vietnamita es menos universal que el cubano, resulta más sostenible debido a su crecimiento económico sostenido y su flexibilidad institucional. Estas características no están presentes en Cuba.

Sostenibilidad de los sistemas sociales. El peso del modelo económico

Mesa‑Lago claramente subraya que la diferencia determinante en la sostenibilidad de los sistemas sociales de estos tres países depende menos del diseño normativo y más de la capacidad económica para financiarlos. Cuba enfrenta el mayor desafío, en tanto coexisten un envejecimiento demográfico avanzado, baja productividad, emigración masiva de la fuerza laboral y severas restricciones fiscales. La sostenibilidad de su sistema social está comprometida por la ausencia de reformas económicas profundas que amplíen la base contributiva.

Con un crecimiento robusto y reformas continuas, China ha logrado sostener y ampliar su sistema social, aunque enfrentará tensiones futuras por el rápido envejecimiento demográfico que está experimentando y la necesidad de equilibrar desigualdades territoriales. Por su parte, Vietnam combina un crecimiento económico acelerado, reformas graduales y flexibilidad institucional. Esto le permite expandir la protección social sin comprometer su sostenibilidad fiscal. Su desafío principal será anticipar el envejecimiento demográfico futuro antes de que la población mayor alcance proporciones críticas, como ocurre en el ejemplo cubano.

En todo caso, Cuba, China y Vietnam comparten la aspiración de garantizar bienestar social, pero sus trayectorias divergen profundamente. Cuba enfrenta un envejecimiento avanzado sin crecimiento económico (un modelo en plena crisis de quiebre) para sostener su sistema social. China y Vietnam, en cambio, han logrado articular reformas económicas que fortalecen la base fiscal. Todo lo anterior ha permitido expandir la protección social, aun habiendo partido, al inicio de sus respectivos procesos de reforma, de condiciones socioeconómicas en clara desventaja en relación con el caso cubano. Paradójicamente, este había heredado ya un desarrollo de los sistemas sociales y de seguridad y asistencia social previo a 1959. La comparación muestra que la sostenibilidad no depende solo del compromiso político con la universalidad, sino también de la capacidad económica, la flexibilidad institucional y la adaptación continua.

Mientras Cuba aparece como un modelo con logros sociales, pero sin sostenibilidad económica, China y Vietnam muestran cómo la apertura al mercado ha permitido crecimiento económico general y posibilitado la expansión y el robustecimiento de la seguridad social, si bien aún persisten desigualdades.

Concluyendo

Visto de conjunto, este nuevo libro de Camelo Mesa-Lago deja el sabor de una obra excepcionalmente completa. Desde la idea innovadora en estos estudios de establecer un sistema de hipótesis basado en la demostración de la comparabilidad entre los casos de Cuba, China y Vietnam, pasando por el análisis detallado de las características de sus modelos económicos, de los procesos particulares de envejecimiento demográfico de sus respectivas poblaciones y de sus sistemas sociales y de seguridad y asistencia sociales. Todo lo hace partiendo de los elementos históricos de cada caso, incluyendo la exploración profunda de sus sistemas de datos e información, explotados hasta el más mínimo detalle. Es una indagación exhaustiva de la viabilidad de sus sistemas de pensiones, partiendo de sus diferentes estilos y del rol del crecimiento económico en la sostenibilidad.

Igualmente novedoso e iluminador es el acercamiento a la interrelación entre los modelos económicos y la capacidad de enfrentar el reto que impone a esos países la transformación de la estructura de edades y el aumento de la población de la tercera edad, la que en definitiva sería el objeto y el sujeto de la cobertura y la extensión de las prestaciones de los sistemas de pensiones, así como la presión creciente que ese segmento de población ejercerá sobre sus economías en el mediano plazo.

¿Están esos modelos preparados para el reto? Mesa-Lago demuestra que sí en los casos de China y de Vietnam, con sus economías crecientes y sus sistemas híbridos de pensiones. Pero en el caso cubano, la insostenibilidad de su estilo estatista, sumada a la profunda crisis económica en que se encuentra el sistema, dan cuenta de dos elementos clave.  En primer lugar, aun partiendo de una situación de ventaja, el enfoque contributivo y estatista de su seguridad social deja al descubierto el hecho de que una población con una estructura de edades que envejece de manera acelerada no podrá ser protegida en el corto plazo. De hecho, las pensiones de hoy equivalen a 3-4 dólares mensuales, en el caso de la pensión mínima, mientras que la promedio alcanza 6-7 dólares por mes.

Por supuesto, los datos oficiales no lo reflejan de esa manera, pero Mesa-Lago se encarga, desde una mirada estadística “forense”, de dar cuenta de la crisis en que se encuentra hoy aquella parte de la población que debía estar debidamente cubierta y protegida ante las reformas y medidas implementadas por el gobierno. No han hecho otra cosa que agravar su ya precaria situación, resultado de la paradoja de una población que ha completado su “revolución reproductiva” mientras que el modelo económico tozudamente implementado, al que se aferran la autoridades, ha fallado en realizar la correspondiente “revolución productiva”.

En segundo lugar, el autor documenta con claridad las consecuencias de la negativa gubernamental de seguir un proceso de reformas similar al de China y Vietnam, marcada por transformación de sus modelos desde la visión de planificación centralizada y de casi absoluto control estatal hacia uno de economía de mercado. De hecho, una de las consecuencias gnoseológicas de su análisis es que el modelo de economía estatal al que se aferran las autoridades cubanas y su negativa a la adopción de un profundo esquema de reformas, a pesar de las propuestas de economistas y académicos dentro del país, ha dejado de aprovechar las diferentes oportunidades de adoptar los cambios necesarios. Como en China y Vietnam, se pudiera haber consolidado una robusta base de sostenibilidad, ya no solo de los servicios sociales y de seguridad y asistenciales, sino también de satisfacción creciente de las necesidades crecientes de la población.

Esta nueva obra de Carmelo Mesa-Lago no es solo sobre la comparación de tres países que comparten su régimen político y se diferencian de manera determinante en términos de los modelos económicos, aunque compartan los mismos ideales de equidad. Da cuenta de la riqueza que representa, aun sin proponérselo explícitamente, de la importancia de un enfoque integrador donde se interrelacionan la población y el desempeño de las economías en las que deba desarrollar las actividades de su vida. Recuerda, y con mucho, aquella otra obra monumental de Coale y Hoover, que en 1957 abrieron ese espacio científico cuando desde el estudio particular del caso de la India, indagaron y generalizaron la relación entre el crecimiento de la población y el desarrollo económico en países de bajos ingresos.

Es por eso que este libro es, sin dudas, fundacional. Visto en toda su magnitud, nos deja como legado la evidencia de la voluntad del autor de haber estado siempre al servicio del enriquecimiento y la renovación del saber y perennemente impulsado por una continua e insaciable exploración de nuevas fronteras cognoscitivas en el campo de los estudios de económicos, sociales y de población. Pero sobre todo en el campo de los estudios sobre Cuba, su amada Cuba, la que nunca él abandonó. Igualmente, nos regala un verdadero ejemplo de espíritu enciclopedista. Una lección para todos al poner en evidencia la utilidad de la virtud de la transdisciplinariedad, esa que siempre se percibe en los constructores de nuevos sistemas de conocimientos. 

Para los estudios sobre la población de Cuba, Carmelo Mesa-Lago nos ha regalado una obra que constituye una pieza única y extraordinaria en su carácter de integración del saber de los más diversos campos del conocimiento. Desde la filosofía, y pasando por la matemática, la lógica, la econometría, el análisis de datos, la estadística, la metodología de la investigación y la demografía, nos ofrece su visión particular sobre el contexto socioeconómico actual del caso cubano, que ya empieza a ser conceptualizado de policrisis. 

En suma, se trata de un singular ejercicio crítico sobre el desarrollo del pensamiento en cuanto al estudio del ser humano y la sociedad. Pocas veces tenemos la oportunidad de disfrutar tamaña ciencia.

Hombre con gafas y camisa azul extendiendo su mano.

Juan Carlos Albizu-Campos Espiñeira es Licenciado en Economía de la Industria, Universidad de La Habana (1986). Especialista en Demografía, Centro Latinoamericano de Demografía, Costa Rica (1989). Doctor en Ciencias Económicas, Universidad de La Habana (2001) y Doctor en Demografía, Universidad de Paris X-Nanterre (2002). Profesor del Centro de Estudios Demográficos entre 1988 y 2018 (Profesor Titular entre 2001 y 2018). Profesor Titular del Centro de Estudio de la Economía Cubana entre 2018 y 2023.
Desde 2023, Profesor e Investigador del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo - Cuba

Ha publicado, entre otros trabajos, Dinámica demográfica cubana. Antecedentes para un análisisFertility, GDP and Average Real Wage in CubaLa migración internacional de cubanos. Escenarios actualesCuba. Escenarios demográficos hacia 2030; Hacia una política de población orientada al desarrollo humanoCuba. Una mirada a la población económicamente activaCuba. Envejecimiento y bono demográficos. Retos al desarrollo¿Es el descenso de la actividad económica de la población un fenómeno temporal en Cuba?; "¿Zozobra demográfica?"; "Un fantasma recorre Cuba"; "Cuba y la emigración. La salida como voz"; "Cuba. Una rápida mirada a la emigración y la población"; "La policrisis y el poder que invierte la relación entre política y economía". La esperanza de vida en Cuba hoy: diferenciales y coyunturas; La mortalidad materna en Cuba. El color cuenta.

Ha obtenido varios Premios Nacionales de la Academia de Ciencias de Cuba y la Universidad de La Habana.