Se acabó la diversión. El salto económico cubano (1959-1965) según Omar Sixto

Juan Carlos Albizu-Campos Espiñeira

La obra de este historiador Omar Sixto no solo arroja luz sobre el pasado, sino que también ofrece claves para comprender los desafíos actuales que enfrenta la economía cubana, todavía marcada por las decisiones tomadas durante aquellos años fundacionales.

May 20, 2026

Y los cubanos querían un cambio

Lo que ofrece Omar Sixto en su libro Se acabó la diversión. La economía cubana: el salto del capitalismo al socialismo (1959-1965), es una verdadera síntesis de uno de los períodos más complejos de la historia reciente de Cuba. 

Según se demuestra en su obra, el corto lapso de tiempo de 1959 a 1965 figura como uno de los momentos más intensos, contradictorios y decisivos de la historia cubana contemporánea. 

En apenas seis años, la isla transitó de una economía capitalista dependiente, articulada en torno al azúcar, la inversión estadounidense y el mercado externo, a un modelo socialista estatizado, centralizado y orientado a la planificación. Un modelo de dependencia externa y de una relación con la Unión Soviética que llevó a la economía cubana a una profunda deformación estructural y agudizó su carácter monoproductor y monoexportador. 

Este proceso, que en la historiografía oficial suele presentarse como una transición “natural” o “inevitable”, es reinterpretado por Sixto como un salto abrupto, lleno de improvisaciones, tensiones internas y consecuencias estructurales que marcaron el devenir económico del país durante las décadas siguientes.

Su visión se inserta en una corriente de análisis que busca desbrozar la narrativa teleológica y maniqueísta de la Revolución, examinando el período inicial de las transformaciones ocurridas no como un despliegue coherente de un proyecto socialista preconcebido, sino como una secuencia de decisiones políticas contingentes, muchas veces reactivas, que transformaron radicalmente la economía sin un diseño institucional claro. 

El autor combina, de manera abundante y sistemática, fuentes primarias de toda índole, estadísticas, testimonios y documentos oficiales para reconstruir un panorama donde la ideología, el voluntarismo y la confrontación geopolítica entrelazan los dilemas productivos y las limitaciones estructurales de la economía cubana de la época.

El propio orden en que está organizado el discurso del libro da cuenta del enfoque robusto del autor a la hora de hilvanar el estudio sobre la base de una cronología de procesos yuxtapuestos que abarcaron todas las esferas de la actividad económica, empezando por la implementación inicial de medidas largamente prometidas, como la Reforma Agraria, y toda la secuencia de transformaciones que terminaron por crear un modelo extractivo y de expropiación, en el que la nueva clase dominante se hizo del dominio absoluto y exclusivo del poder que hoy ha llevado al país a la peor crisis económica de su historia.

Los cambios ocurridos durante ese período —justo es reconocer que con el apoyo mayoritario de la población— estuvieron precedidos por otros que habían tenido lugar en etapas anteriores de la historia cubana, propiciados por el espíritu revolucionario que en cada momento los llevara adelante. Pero nunca tuvieron una naturaleza tan radical ni transformaron la esencia de los modos de vida de la nación, aunque propiciaran la renovación de las formas en que en la sociedad se ejercían los derechos políticos. Aun siendo limitados, eran concomitantes con otras libertades como la económica, de prensa y la consecuente movilidad social.

Esta lucha por cambios largamente anhelados alcanzó su eclosión, como demuestra Sixto, con el advenimiento de la Revolución. Fueron implementados a marchas forzadas, con el autoritarismo del caso, a pesar de la evidente autosuficiencia económica que ya disfrutaba el país, el aumento sostenido de la riqueza nacional —si bien deficientemente distribuida—, así como el largo camino andado hacia el establecimiento de un régimen de democracia plena. 

El resultado final ha sido, sin dudas, la implantación de un modelo de policrisis, marcado por una catástrofe humanitaria y un colapso sistémico que dan cuenta del fracaso de un ejercicio de experimentación social.

Este comentario se propone exponer de manera sucinta la interpretación que Sixto nos ofrece de ese período y de los pasos de aquellos cambios, organizando la discusión sobre, al menos, los cinco ejes articuladores que pueden identificarse en su obra. A saber:

  • La estructura económica heredada en 1959.
  • Las nacionalizaciones y la ruptura con Estados Unidos.
  • La construcción acelerada del socialismo y la centralización estatal.
  • El papel de la Unión Soviética y la inserción en el bloque socialista.
  • Las consecuencias económicas y sociales del período 1959-1965.

¿Quo vadis

El paso de una economía capitalista en desarrollo a un modelo de economía socialista subdesarrollada fue, sobre todo, la consecuencia de decisiones políticas radicales, muchas veces improvisadas en torno a una reacción frente a la acción de un agente externo o interno; de la improvisación administrativa basada en la incapacidad de los actores de asumir la conducción de los procesos económicos; la agudización creciente de la dependencia de la asistencia externa; y la agudización de la deformación estructural.

Por un lado, el autor da inicio al análisis de la realidad cubana desmontando la imagen idílica que se ha intentado ofrecer sobre el período prerrevolucionario. Por otro, basado en la abundante evidencia factual estudiada, también ofrece un ejercicio de desmontaje de la caricatura de país caótico y atrasado que las autoridades han ofrecido en los últimos casi setenta años. 

Deja documentada su caracterización de ese período como un modelo socioeconómico en el que coexisten, al menos, tres rasgos fundamentales: dependencia del azúcar y de la inserción en el mercado estadounidense; persistencia de una importante desigualdad social y la concentración de la tierra; y una modernización incompleta en la que se advierte una clase media emergente y pujante.

El azúcar representaba más del 80% de las exportaciones. Estaba fuertemente vinculada a cuotas y precios preferenciales en los Estados Unidos. Esa dependencia generaba vulnerabilidad externa, pero también garantizaba ingresos relativamente estables. Sixto subraya que la economía cubana no era autosuficiente, pero tampoco estaba en colapso: una economía dependiente, no una economía fallida.

El campo cubano, con palmeras, cielo azul y gente dispersa por la tierra.

Reconoce, además, la existencia de severas desigualdades, especialmente en el campo, donde el latifundio y el desempleo estacional eran problemas estructurales. Sin embargo, insiste en que la solución a estos problemas no requería necesariamente una ruptura total con el modelo capitalista en el sector agrario, sino reformas profundas, viables dentro del propio sistema, a fin de evitar la ulterior y abrupta caída de los rendimientos que desembocara en una persistente crisis alimentaria.

Sixto destaca que Cuba tenía indicadores sociales superiores a los de otros países de la región, una clase media en expansión y un sector de servicios relativamente desarrollado. Esta complejidad es clave para entender por qué el salto al socialismo no fue una respuesta “inevitable” a un país devastado, sino una decisión política.

Primeros pasos: nacionalizaciones, reforma agraria y ruptura con los Estados Unidos

Entre 1959 y 1961 se produjo la transformación más radical de la estructura económica cubana: la confiscación y estatización masiva de empresas, bancos, industrias y tierras. El historiador argumenta que este proceso fue más acelerado y menos planificado de lo que suele reconocerse. 

Habría, además, que agregar el hecho de que Cuba consumó su ruptura con organismos internacionales tan tempranamente como en 1960, cuando se retiró del Banco Mundial y dio pie al establecimiento de nuevas bases jurídicas para intentar garantizar una independencia económica y un legado de autodeterminación que aún fundamenta su resistencia. A ello le siguió su retirada, en 1964, del Fondo Monetario Internacional (FMI), del cual había sido uno los países fundadores en 1944.

La primera reforma agraria (1959) buscaba desmontar el latifundio y redistribuir la tierra. Sin embargo, Sixto demuestra que la creación del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) y la estatización de grandes extensiones generaron un aparato burocrático que pronto sustituyó al latifundista privado por un “latifundio estatal”. 

En todo caso, fue casi inmediatamente seguida por una segunda reforma agraria, en la que el latifundio estatal se vio reforzado al disponer la nacionalización y, por consiguiente, la adjudicación al Estado cubano de todas las fincas rústicas con una extensión superior a sesenta y siete hectáreas y diez áreas (cinco caballerías de tierra), con solo la excepción de los pocos casos de aquellas propiedades que estuvieran siendo explotadas por grupos de hermanos, cuya participación no fuera superior a cinco caballerías.

Por otro lado, hacia 1960 la expropiación de empresas estadounidenses y cubanas marcó el punto de no retorno. Para Sixto, estas medidas respondieron tanto a presiones ideológicas como a la dinámica de confrontación con Washington. La ruptura del comercio con los Estados Unidos, el principal socio económico, precipitó la crisis del azúcar y obligó a buscar apoyo en la URSS.

Luego el autor interpreta el embargo no como causa, sino como una consecuencia de la radicalización del proceso. La respuesta del gobierno —acelerar la estatización y declarar el carácter socialista de la Revolución— consolidó un modelo económico altamente centralizado.

Construcción acelerada del socialismo y la centralización estatal

Entre 1961 y 1965 se consolidó un modelo de economía planificada inspirado en la experiencia soviética, aunque con rasgos propios del voluntarismo revolucionario, marcado por el intento fallido de implementación de la planificación central y la desaparición del mercado, puestos en práctica sin la infraestructura estadística, administrativa y técnica necesaria. 

La eliminación del mercado, la fijación centralizada de precios y la asignación burocrática de recursos generaron ineficiencias crecientes y provocaron el ulterior estallido de la crisis del modelo de financiamiento presupuestario y de registro administrativo al que se diera paso.

Influida por el pensamiento guevarista, la dirigencia revolucionaria subestimó la importancia de los incentivos materiales y sobrevaloró la “conciencia revolucionaria” como motor productivo. Esto condujo a experimentos fallidos como el sistema de financiamiento presupuestario. Las movilizaciones productivas —cortes de caña, zafras voluntarias, movilizaciones estudiantiles—, se convirtieron en mecanismos para suplir la falta de eficiencia económica. 

Sixto interpreta estas campañas como síntomas de un modelo incapaz de generar productividad sostenida, con las que se trató de suplir la caída de la productividad y de la producción en general.

La nueva dependencia: integración al CAME, la URSS y el rol de los subsidios

La alianza con la Unión Soviética permitió la supervivencia del proyecto socialista, pero también generó una nueva forma de dependencia. La URSS compró azúcar cubano a precios preferenciales y suministró petróleo y bienes industriales. 

Esta relación, aunque beneficiosa en el corto plazo, consolidó la especialización azucarera y desincentivó la diversificación productiva, reforzando el establecimiento de un modelo de dependencia fuertemente financiado desde el exterior por motivos más bien geopolíticos y no de eficiencia económica. 

Podría agregarse, a partir de lo que han hallado otros autores en los archivos soviéticos, y como complemento a lo argumentado por Sixto, que solo entre las décadas de los 60 y 70, Cuba recibió de la Unión Soviética, como monto total agregado de todas las formas de cooperación, la cantidad de 80.3 billones de dólares equivalentes, a precios corrientes. 

En ese mismo sentido, al actualizar las cifras incluyendo la década de los 80, se alcanzó la cantidad de poco más de 115 billones de dólares, también a precios constantes, en la que además se incluye la asistencia también recibida por otros países del Consejo de Ayuda Mutua Económica CAME.

La incorporación al CAME implicó adoptar estándares, tecnologías y estructuras administrativas soviéticas, reforzándose la centralización y la rigidez del modelo económico a partir de la implementación de un nuevo modelo, esta vez el llamado de “cálculo económico”. 

Todo ello, como subraya el autor, no solo no solucionó los problemas estructurales de la economía cubana, sino los postergó en el tiempo. La dependencia al bloque socialista reemplazó la dependencia estadounidense, pero sin generar un desarrollo autónomo.

Consecuencias económicas y sociales del período 1959-1965

El “salto al socialismo”, en términos de productividad, estructura económica, bienestar social y cultura política, da cuenta de cómo la estatización masiva redujo los incentivos, generó burocracia y disminuyó la productividad. 

La economía se volvió más vulnerable a los shocks externos y dependiente a los subsidios, sobre todo de la URSS. Ello terminó siendo un modelo manumitido e ineficiente en el que incluso lo que pudo lograrse se hizo sobre la base de la disponibilidad de unos recursos no generados internamente por el desempeño económico, sino provenientes del exterior. Estos  contribuyeron a enmascarar la crisis estructural permanente en que se sumergió el sistema.

Los avances logrados en educación, salud y movilidad social, como reconoce Sixto, fueron relevantes. Pero, como el propio autor documenta, se construyeron sobre una base económica frágil y altamente subsidiada, llevando ese modelo de desarrollo social a un punto de grave insostenibilidad que hoy se traduce en el resquebrajamiento en la cantidad y calidad de los sistemas y servicios sociales que los proveen.

Como consecuencia, durante el período se consolidó un sistema político centralizado con férreo control estatal sobre la economía, los medios, las organizaciones sociales y la vida en general, lo que para Sixto sentó las bases de una estructura socioeconómica que coartó las libertades individuales, limitó la innovación, la crítica, el emprendimiento y la autonomía económica.

Finalmente … se acabó la diversión

El análisis de Omar Sixto ofrece una reinterpretación crítica muy documentada del período 1959-1965, alejándose tanto de la narrativa oficial como de las visiones simplistas que reducen la Revolución a un proyecto fallido desde su origen. 

Su tesis central —que el salto al socialismo fue un proceso improvisado, ideologizado y económicamente costoso— se sostiene en una lectura cuidadosa de las fuentes y en una comprensión profunda de las dinámicas económicas.

Este ensayo ha mostrado cómo Sixto reconstruye un período marcado por decisiones políticas radicales, tensiones internas, dependencia externa y transformaciones sociales profundas. Su aporte principal consiste en revelar que la economía cubana no estaba condenada a un destino socialista, sino que fue conducida hacia él por una combinación de factores políticos, ideológicos y geopolíticos. 

El libro invita a repensar la historia económica nacional desde una perspectiva menos dogmática y más atenta a la complejidad de los procesos históricos. En última instancia, la obra de este historiador no solo ilumina el pasado, sino ofrece claves para comprender los desafíos actuales de la economía cubana, todavía marcada por las decisiones tomadas en aquellos años fundacionales.

La obra da cuenta de la amplitud casi inabarcable de la investigación realizada por Omar Sixto. Se convierte así en una pieza clave en la historiografía de los últimos setenta años. Difícilmente pueda encontrarse otro libro que aborde de esa manera el período en cuestión y los procesos sociales y económicos que en él transcurrieron. 

Es una pieza única no solo por su contenido y el tema que aborda. Ofrece un claro ejemplo de estudio histórico. Metodológicamente robusto, ampliamente documentado y analizada cada fuente con un rigor sorprendente, que le permite a su autor dejar un legado gnoseológico sobre un período histórico vital de la Cuba contemporánea. 

Sería incluso recomendable a quienes se acerquen a este libro el estudio detallado de la amplia bibliografía que sustenta el diseño y análisis de esta investigación.

Nos deja, además, la evidencia de las consecuencias de un experimento en el que se incubaron todas las deformaciones que hoy hacen del sistema un modelo irreformable, muy próximo a su implosión, donde coexisten todos los peores males que pueden afectar el desarrollo de una nación: la estatización y militarización de la economía y la sociedad, la desaparición de los incentivos individuales, la coerción de la libertad individual, la planificación irreal combinada con la corrupción estructural y el desprecio por la innovación, el disenso y la búsqueda de la eficiencia.

Es la descripción detallada de la hoja de ruta que marca el derrotero del desmantelamiento de una de las sociedades y economías más dinámicas de la segunda mitad del siglo XX en la región.

Referencias 

Sixto, O. (2025). Se acabó la diversión: La economía cubana, 1959-1965 (segunda edición). Vueltabajo Media.

Gilbert, J. P., “Les échanges économiques entre Cuba et l’Union Soviétique”, en Problèmes d’Amérique Latine, no. 64, París, 1982, p. 93-121, tableau VII, p. 110..

Devereux, John. "The Absolution of History: Cuban Living Standards after 60 Years of Revolutionary Rule." Revista de Historia Economica-Journal of Iberian and Latin American Economic History 39.1 (2021), pp. 5-36.

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Se acabó la diversión. El salto económico cubano (1959-1965) según Omar Sixto

Hombre con gafas mirando a la camara vestido de traje azul con camisa blanca y corbata roja

Omar Sixto. Nacido en el barrio de Luyanó, es historiador y empresario con treinta años de experiencia.  Graduado de Historia en la Universidad de La Habana (1991), reside fuera de la isla desde 1995. Administra el blog Cuba Olvidada , donde publica textos sobre la realidad actual e histórica del país. Autor de El tren de los egos. Historia documentada del primer ferrocarril de Hispanoamérica (1834–1842) (2026).

Hombre, portando una camisa azul y gafas, con manos aguantando un micrófono

Licenciado en Economía de la Industria, Universidad de La Habana (1986). Especialista en Demografía, Centro Latinoamericano de Demografía, Costa Rica (1989). Doctor en Ciencias Económicas, Universidad de La Habana (2001) y Doctor en Demografía, Universidad de Paris X-Nanterre (2002). Profesor del Centro de Estudios Demográficos entre 1988 y 2018 (Profesor Titular entre 2001 y 2018). Profesor Titular del Centro de Estudio de la Economía Cubana entre 2018 y 2023. Desde 2023, Profesor e Investigador del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo - Cuba

Ha publicado, entre otros trabajos, Dinámica demográfica cubana. Antecedentes para un análisisFertility, GDP and Average Real Wage in CubaLa migración internacional de cubanos. Escenarios actualesCuba. Escenarios demográficos hacia 2030; Hacia una política de población orientada al desarrollo humanoCuba. Una mirada a la población económicamente activaCuba. Envejecimiento y bono demográficos. Retos al desarrollo¿Es el descenso de la actividad económica de la población un fenómeno temporal en Cuba?; "¿Zozobra demográfica?"; "Un fantasma recorre Cuba"; "Cuba y la emigración. La salida como voz"; "Cuba. Una rápida mirada a la emigración y la población"; "La policrisis y el poder que invierte la relación entre política y economía". La esperanza de vida en Cuba hoy: diferenciales y coyunturas; La mortalidad materna en Cuba. El color cuenta.

Ha obtenido varios Premios Nacionales de la Academia de Ciencias de Cuba y la Universidad de La Habana.