Cuba en busca de una escalera y un detonante. Una perspectiva polaca sobre la transformación.
La comparación entre Polonia y Cuba muestra que la transformación no es una elección binaria entre el mercado y el Estado, sino una cuestión de cómo se gobierna la apertura y cómo se integra institucionalmente.*
La trayectorias de transformación y el problema de la interdependencia
Los debates comparativos sobre la transformación postsocialista suelen distinguir dos grandes paradigmas de reforma. El primero, la vía europea, a menudo denominada "terapia de choque", se basó en la rápida liberalización, la privatización y la apertura externa para lograr una ruptura decisiva con el pasado socialista.
Su lógica era tanto política como económica: solo una ruptura rápida podía restaurar la credibilidad, endurecer las restricciones presupuestarias y afianzar las nuevas instituciones. Las reformas de Polonia de principios de la década de los 90 se convirtieron en un caso emblemático de esta estrategia.
El segundo, la vía asiática, asociada a China y Vietnam, siguió una lógica diferente. Los mecanismos de mercado se introdujeron selectivamente bajo un control político continuo, lo que permitió la experimentación, el aprendizaje institucional y el crecimiento gradual de la productividad.
Este modelo demostró que el crecimiento podía lograrse sin una ruptura política sistémica siempre que la liberalización parcial estuviera integrada en una secuencia de reformas coherente.
Cuba no siguió ninguna de esas dos trayectorias. Si bien compartía muchas características de las economías socialistas tardías, evitó la reforma sistémica y, en cambio, acudió a ajustes episódicos diseñados para preservar el control político.
El empleo por cuenta propia limitado y la inversión extranjera estrictamente controlada generaron un alivio a corto plazo, pero nunca se tradujeron en una modernización sostenida. Estos resultados divergentes ilustran el poder de la dependencia a la trayectoria.
Las reformas iniciales de Polonia restauraron el crecimiento y la credibilidad, pero también anclaron la economía en una forma de integración dependiente en la que la convergencia dependía en gran medida del capital extranjero y de las redes de producción multinacionales, como lo describen Nölke y Vliegenthart (2009). Esta trayectoria expandió la prosperidad, al tiempo que limitó la capacidad de desarrollo a largo plazo.
Esta lógica se hace eco de la clásica perspectiva de Gerschenkron sobre el desarrollo tardío: las economías atrasadas no pueden depender únicamente de la evolución orgánica del mercado, sino deben tomar prestadas instituciones, capital y capacidad organizativa de sistemas más avanzados (Gerschenkron 1962).
Polonia siguió esta estrategia mediante la integración europea. El gradualismo cubano, en cambio, reflejó la continuidad política y el atraso estructural, lo que limitó el acceso a capital externo, tecnología y financiamiento institucional.
La transformación no es un evento aislado, sino un proceso condicionado donde las primeras decisiones institucionales definen las opciones futuras.
La comparación entre Polonia, Asia y Cuba, por consiguiente, ilumina tanto las causas de la divergencia pasada como el reducido conjunto de vías a través de las cuales la interdependencia podría transformarse en una estrategia de desarrollo viable.
La Figura 1 ilustra cómo las condiciones iniciales similares prevalecientes a principios de la década de los 90 produjeron trayectorias de desarrollo marcadamente divergentes. La interdependencia externa puede funcionar como una escalera para el desarrollo, como en Polonia y Vietnam, o como una trampa estructural, como en Cuba.
Los orígenes de la divergencia. Polonia y Cuba en los 80 y 90
En la década de los 80 tanto Polonia como Cuba presentaban lo que Kornai (1992) describiera como una economía de escasez: planificación centralizada, laxas restricciones presupuestarias y baja eficiencia.
En ambos casos, la industrialización había perdido su capacidad de generar legitimidad y, en cambio, se había convertido en una carga fiscal y tecnológica. Como sostiene Berend (2012), el modelo socialista había llegado a un punto de agotamiento estructural y ya no podía sostener ni la innovación ni el crecimiento de la productividad.
Ambas economías dependían profundamente del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), liderado por la Unión Soviética, para obtener energía, mercados y crédito. Cuando el apoyo externo colapsó, ambos sistemas se enfrentaron a una crisis de viabilidad.
Un factor adicional que influyó en la capacidad de reforma temprana de Polonia fue la presencia de un amplio espíritu empresarial de base surgido bajo el socialismo tardío, incluyendo el comercio informal, el comercio transfronterizo a pequeña escala y la migración laboral temporal. En su conjunto constituían prácticas protomercado impulsadas por necesidad, más que por ideología.
Estas actividades crearon una forma de capital de transición: habilidades comerciales básicas, conciencia de precios y redes informales, lo cual significó que Polonia no entró al período de reformas con un vacío institucional, a diferencia de Cuba, donde la adaptación económica de base fue sistemáticamente restringida.
Fundamentalmente, el régimen polaco demostró ser capaz de negociar una transición política pacífica con la oposición, creando las condiciones institucionales y políticas para una rápida reforma económica. Esta capacidad de adaptación hasta ahora ha estado ausente en el caso cubano.
El hecho se vio reforzado por la presencia de instituciones paralelas, en particular de la Iglesia Católica y la oposición clandestina. Funcionaron como depositarias de la confianza social y como mecanismos de coordinación bajo la restricción autoritaria. Fueron un detonante creíble para un cambio sistémico negociado que no ha tenido un equivalente funcional en Cuba.
Los primeros años de la década de los 90 marcaron un punto de inflexión decisivo.
Como se resume en la Tabla 1, Polonia optó por una reforma rápida e integral, mientras Cuba siguió un ajuste gradual y defensivo durante el llamado Período Especial.
Observadores contemporáneos capturaron la estrategia cubana con una frase reveladora: "capitalistas, pero no capitalismo" (Berríos 1997).
Desde una perspectiva gerschenkroniana, Polonia buscó un desarrollo acelerado mediante el préstamo institucional, importando normas, capital y credibilidad mediante la integración externa.
Cuba, por el contrario, priorizó la continuidad y el control. Se introdujeron mecanismos de mercado selectivos, pero siempre dentro de un marco de economía planificada.
Estas decisiones, tomadas en condiciones iniciales similares, ubicaron a las dos economías en caminos muy divergentes. Sus efectos persisten hasta el día de hoy.
Caminos divergentes de transformación después de 2000
A principios del nuevo siglo se consolidó la lógica de reforma divergente surgida tras el colapso del socialismo. Polonia avanzó mediante un profundo anclaje institucional e integración económica en la Unión Europea (UE). Cuba implementó reformas graduales bajo el continuo dominio estatal. Ambos países lograron la estabilidad, pero a través de combinaciones fundamentalmente diferentes de apertura y control, resumidas en la Tabla 2.
Polonia. Integración a través de la dependencia
Polonia entró al siglo XXI siendo una de las economías postsocialistas más exitosas. Su modelo de desarrollo combinó la convergencia institucional orientada a la UE, la liberalización del mercado y la prudencia macroeconómica.
La adhesión a la UE en 2004 integró a Polonia en la arquitectura legal y regulatoria del mercado único, reforzando el compromiso con la competencia y la disciplina política.
La política de cohesión de la UE y los instrumentos relacionados con ella introdujeron un marco basado en normas para la inversión pública, fundamentado en la programación plurianual y la condicionalidad, fortaleciendo la capacidad administrativa y apoyando la modernización a gran escala.
Según la conceptualización de Nölke y Vliegenthart (2009), Polonia evolucionó hacia una economía de mercado dependiente, caracterizada por un crecimiento impulsado por la inversión extranjera directa y una profunda integración en las cadenas de valor europeas.
Este modelo generó una convergencia y resiliencia sostenidas, pero a costa de una innovación nacional limitada y una continua dependencia del capital y la tecnología extranjeros. Si bien el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita alcanzó más del 80% del promedio de la UE, la convergencia posterior se vio cada vez más dificultada por la presión demográfica, la desaceleración del crecimiento de la productividad y las exigencias de la transición ecológica.
En general, la trayectoria de Polonia después de 2000 puede describirse como integración a través de la dependencia: una convergencia lograda mediante la integración de la producción nacional en las redes europeas y globales, respaldada por el financiamiento predecible y programático de la UE. Pero acompañada de persistentes limitaciones a la autonomía tecnológica nacional.
La transformación de Polonia fue apoyada no solo por instituciones externas, sino también por su diáspora, que proporcionó capital, habilidades gerenciales y puentes informales de credibilidad.
Las remesas, la migración de retorno y las redes empresariales transnacionales contribuyeron a reducir la incertidumbre, transmitir normas y conectar a las empresas nacionales con los mercados extranjeros.
En el caso de Cuba, la diáspora podría desempeñar un papel similar si se integrara en marcos transparentes y basados en normas, no en acuerdos políticos discrecionales.
Cuba. Reforma limitada y control persistente
La trayectoria de Cuba después del año 2000 siguió un camino fundamentalmente diferente. Luego de una modesta recuperación impulsada por los subsidios venezolanos y las exportaciones de servicios médicos, el crecimiento se mantuvo concentrado en los servicios públicos, mientras se estancaron la productividad, la inversión y la capacidad industrial.
A pesar de las repetidas iniciativas de reforma, presentadas como una "actualización del socialismo", el Estado mantuvo el control sobre los precios, los insumos y el comercio, impidiendo la aparición de la coordinación del mercado.
Los dirigentes cubanos identificaron correctamente las asimetrías globales y la distribución desigual de los beneficios de la integración, pero no lograron construir formas de interdependencia capaces de traducir los vínculos externos en un desarrollo sostenido de la economía nacional.
Los Lineamientos introducidos bajo el gobierno de Raúl Castro legalizaron el trabajo por cuenta propia, las cooperativas y, posteriormente, las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), pero siempre bajo estrictas restricciones políticas y administrativas.
Estas reformas generaron limitadas mejoras de eficiencia sin producir una transformación estructural. Los conglomerados controlados por los militares, la escasa transparencia y las persistentes distorsiones monetarias continuaron disuadiendo la inversión y reprimiendo la productividad.
La fragilidad de este modelo se hizo evidente después de 2020. El colapso del apoyo venezolano, el endurecimiento de las sanciones estadounidenses, la pandemia y la caótica unificación monetaria desencadenaron una crisis más profunda que la de los 90.
Si bien la legalización de las mipymes creó focos de dinamismo, lo cierto es que estos coexistieron con la inflación, la desigualdad y la emigración masiva. Cuba entró así a la década de 2020 con un sistema híbrido que se moderniza de manera selectiva, pero sigue estructuralmente limitado por el control centralizado. Análisis comparativos recientes entre Cuba y Vietnam muestran que las estrategias de reforma sostenidas y orientadas al mercado generan un crecimiento duradero, mientras la liberalización episódica bajo el control estatal continuo no lo logra (Pérez Villanueva 2025).
Síntesis comparativa
Entre 2000 y 2020, Polonia y Cuba estabilizaron sus economías bajo restricciones externas, pero evolucionaron en direcciones opuestas.
Polonia avanzó de la transición a la convergencia al integrar la apertura dentro de un marco europeo basado en normas. Cuba preservó la continuidad política mediante la liberalización selectiva y la dependencia de las rentas externas.
La dependencia de Polonia resultó funcional, arraigada en la alineación institucional y la integración de la cadena de valor, mientras la de Cuba siguió siendo política, anclada en el monopolio estatal y las alianzas asimétricas.
Para la década de 2020, la divergencia era completa. Polonia siguió un camino de interdependencia estructurada, mientras Cuba se basó en una estabilidad sustentada en el control en medio del estancamiento. Este contraste plantea la pregunta central de la siguiente sección: ¿cómo se adaptan estos sistemas una vez que sus modelos de crecimiento alcanzan límites estructurales?
Desafíos de la transformación en la tercera década: Polonia y Cuba después de 2020
Polonia entre el centro y la periferia
Polonia inició la década de 2020 como una de las economías de convergencia más exitosas de la UE. La renta per cápita alcanzó alrededor del 80% del promedio de la UE, frente a menos del 50% en 2000.
Sin embargo, este éxito ahora enfrenta claros límites estructurales. El crecimiento de la productividad se ha desacelerado, las presiones demográficas se han intensificado y el margen fiscal se ha reducido debido a las conmociones combinadas de la pandemia, la guerra en Ucrania y la crisis energética.
Si bien la economía se mantiene resiliente, el modelo de crecimiento posterior a la adhesión —basado en la inversión extranjera, la especialización industrial y la financiación de la UE— muestra rendimientos decrecientes. La baja intensidad de la I+D retrasó la transición ecológica y la continua dependencia de los anclajes externos expone las limitaciones de la convergencia dependiente.
Estos desafíos ocurren en un entorno global cada vez más condicionado por lo que Farrell y Newman denominan “interdependencia instrumentalizada”: un sistema en el que los flujos comerciales, financieros y tecnológicos se rigen por cuellos de botella estratégicos en vez de por mercados neutrales.
La UE ha respondido repolitizando la gobernabilidad económica, integrando la seguridad y la competitividad en las reglas del mercado mediante instrumentos como la política industrial, el control de las inversiones y los mecanismos de ajuste de las emisiones de carbono.
Este cambio fortalece la resiliencia europea, pero también incrementa las asimetrías que tienden a favorecer al núcleo industrial, lo que plantea un dilema estratégico para países como Polonia.
El principal desafío de Polonia ya no es la convergencia en sí misma, sino cómo mantenerse plenamente integrada mientras desarrolla capacidades innovadoras y productivas autónomas. El riesgo es un estancamiento en una dependencia estructurada: un crecimiento estable sin suficiente capacidad de acción interna.
Cuba entre la reforma y el estancamiento
Cuba entró en la década de 2020 en medio de su crisis más profunda desde el Período Especial. El colapso del apoyo a Venezuela, el endurecimiento de las sanciones estadounidenses y la pandemia provocaron una fuerte contracción del PIB en 2020 y una persistente presión inflacionaria.
La largamente postergada Tarea Ordenamiento pretendía restablecer la coherencia macroeconómica, pero erosionó los salarios reales y la confianza pública.
La legalización de las micro, pequeñas y medianas empresas en 2021 abrió un espacio limitado a la iniciativa privada, pero la estructura general de dominio estatal se mantuvo intacta.
En 2023, operaban aproximadamente 10 000 mipymes, revitalizando las cadenas de suministro locales y aliviando la escasez. Sin embargo, su crecimiento se ve limitado por la regulación, el acceso restringido a las importaciones y la financiación, y la dependencia de los intermediarios estatales.
El sector privado funciona en condiciones de "escasez gestionada", combinando el dinamismo empresarial con el control administrativo.
Las condiciones externas siguen siendo frágiles: la recuperación del turismo es lenta, las entradas de inversión son limitadas y los esfuerzos de diversificación, modestos.
Sin una estabilización macroeconómica creíble y una reforma institucional más profunda, Cuba corre el riesgo de quedar atrapada en un ciclo de apertura parcial y renovadas restricciones, estabilidad sin transformación.
Transformación en la encrucijada: Reconstruyendo la escalera del desarrollo
En la década de 2020, tanto Polonia como Cuba habían alcanzado los límites de sus respectivos modelos de transformación. La interdependencia estructurada de Polonia generó crecimiento y estabilidad institucional, pero ahora se enfrenta al límite de la convergencia dependiente: escasa innovación, presión demográfica y una autonomía estratégica limitada dentro de una economía europea cada vez más politizada.
El esquema cubano de adaptación controlada preservó la continuidad política, pero a costa del estancamiento, la baja productividad y la dependencia de rentas externas decrecientes. Fundamentalmente, la experiencia cubana demuestra que no todas las formas de interdependencia contribuyen al desarrollo. Las dependencias que construyó —ya sea de patrocinadores cercanos o lejanos—, le dieron supervivencia y aislamiento político, pero no generaron modernización ni tradujeron la dependencia externa en capacidades productivas internas.
Esta limitación se ve reforzada por el hecho de que el entorno global actual ya no se define por la globalización liberal, sino por la interdependencia basada en bloques, en la que el acceso a los mercados, el capital y la tecnología está cada vez más condicionado por la alineación geopolítica.
El contraste es estructural. Polonia debe pasar de la dependencia a la autonomía, transformando la integración en innovación y fortaleciendo las capacidades tecnológicas y políticas nacionales. En este sentido, la interdependencia permitió una rápida convergencia, pero ahora se acerca a sus límites estructurales.
Mantener el progreso requerirá construir una nueva escala, basada menos en el anclaje externo y más en la innovación endógena, la formación de capital y la agencia estratégica.
Cuba, en cambio, debe pasar del control a la renovación, convirtiendo la liberalización selectiva en un auténtico impulso de modernización que permita el funcionamiento de la coordinación del mercado y la iniciativa privada.
La próxima década pondrá a prueba ambos caminos: si la autonomía puede surgir dentro de la integración y si la renovación puede producirse sin una ruptura sistémica.
Resulta fundamental destacar que, históricamente, la mejora sostenida del desarrollo ha requerido formas de apertura política que permitan el surgimiento de una apertura a partir de normas, derechos de propiedad creíbles y una coordinación competitiva.
Conclusión. Dependencia, interdependencia y las condiciones del desarrollo
En un mundo interdependiente, el desafío central no es cómo escapar de la dependencia, sino cómo estructurarla para que genere aprendizaje, modernización y desarrollo a largo plazo.
La dependencia es inevitable. Lo que importa es si funciona como una vía de desarrollo o como un mecanismo de estancamiento.
La comparación entre Polonia y Cuba muestra que la transformación no es una elección binaria entre el mercado y el Estado, sino una cuestión de cómo se gobierna la apertura y cómo se integra institucionalmente.
La integración de Polonia en los mercados e instituciones europeos convirtió la dependencia externa en una plataforma para la convergencia, el aprendizaje institucional y la modernización productiva. Sin embargo, esta vía está alcanzando sus límites estructurales, a medida que se acentúan las brechas de innovación, las presiones demográficas y las limitaciones estratégicas.
Cuba siguió una lógica diferente. Sus dependencias externas dieron estabilidad a corto plazo y aislamiento político, pero nunca se convirtieron en mecanismos de desarrollo. La planificación altamente centralizada y la apertura selectiva y discrecional impidieron la coordinación del mercado, desalentaron la inversión y bloquearon el aprendizaje institucional.
Como resultado, la interdependencia reprodujo la dependencia en lugar de transformarla en capacidad interna.
La lección principal es estructural. Los sistemas basados en una coordinación económica altamente centralizada resultan incompatibles con el desarrollo en condiciones de interdependencia global.
Una transformación sostenible requiere una apertura basada en normas, derechos de propiedad creíbles y una coordinación competitiva que permita que los vínculos externos funcionen como un recurso para el desarrollo en lugar de una fuente de control.
Sin cambio político no puede surgir un marco de este tipo, y cualquier nueva dependencia externa tenderá a reproducir el equilibrio existente de estabilidad sin desarrollo y resiliencia sin modernización.
La cuestión pendiente es el momento y el detonante. El agotamiento estructural rara vez produce cambios graduales; generalmente se desencadena mediante crisis.
Que una futura crisis regional, que podría originarse en Venezuela, abra una ventana de oportunidad para Cuba, dependerá no de la crisis en sí, sino de si ya existe una estrategia de reforma coherente, alternativas institucionales y alianzas externas creíbles cuando llegue ese momento.
Cuando llega la transformación, llega rápidamente. La verdadera elección es si Cuba encuentra una escalera lista para subir o solo otra trampa esperándola abajo.
Referencias
Berend, Ivan T. 2012. From the Soviet Bloc to the European Union: Cambridge University Press.
Berríos, Rubén. 1997. “A Qualified Success Story: Cuba’s Economic Restructuring, 1990–1995.” Problems of Post-Communism 44 (3): 25–34. doi:10.1080/10758216.1997.11655729.
Gerschenkron, Alexander. 1962. Economic Backwardness in Historical Perspective. Cambridge, Massachusetts: The Belknap Press of Harvard University Press.
Kornai, János. 1992. The Socialist System: The Political Economy of Communism. Oxford: Oxford University Press.
Nölke, Andreas y Arjan Vliegenthart. 2009. “Enlarging the Varieties of Capitalism: The Emergence of Dependent Market Economies in East Central Europe.” World Politics 61 (4): 670–702. doi:10.1017/S0043887109990098.
Pérez Villanueva, Omar E. 2025. “Cuba and Vietnam: Strategies and Recent Results.” Diciembre de 2025.
UNCTADstat. 2025. “Gross domestic product: Total and per capita, current and constant (2015) prices, annual.” 1 de octubre de 2025.
Mariusz-Jan Radło, PhD, DSc, profesor de la SGH, es economista y jefe del Departamento de Interdependencia Económica Global de la Escuela de Economía de Varsovia. También es socio gerente de SEENDICO, una firma de investigación y consultoría con sede en Varsovia. Además, cuenta con una amplia experiencia como asesor de consejos de administración y como miembro de consejos de supervisión.
Tiene muchos años de experiencia en investigación de áreas como el desarrollo regional, las cadenas de valor globales, la política industrial, la comercialización de la innovación y la competitividad internacional. Su investigación reciente se centra en estrategias globales para fortalecer la posición de las empresas en las cadenas de valor y en las oportunidades de inversión. Ha dirigido proyectos de investigación financiados por el Centro Nacional de Investigación y Desarrollo (NCBR) y el Centro Nacional de Ciencias (NCN).
Como profesor universitario, se especializa en fusiones y adquisiciones estratégicas y financieras (M&A), con especial énfasis en su impacto en el crecimiento de las empresas y su posicionamiento competitivo.
También tiene amplia experiencia en el sector privado, colaborando con industrias como la informática, el sector del juego, los productos regionales, la industria espacial, los servicios financieros y el transporte ferroviario y aéreo. En el sector público, presta servicios de asesoramiento en desarrollo regional, política industrial y de innovación, e instituciones financieras regionales.
