Por qué el turismo podría ser clave para la “toma de control amistosa” de Cuba por parte de Trump

Paolo Spadoni

Mientras busca concretar un acuerdo económico con Cuba, la administración Trump podría asegurar convenios en diversos sectores de la economía. Sin embargo, el turismo contiene las oportunidades más prometedoras a corto plazo. 

March 19, 2026

Después de una operación militar a principios de enero que destituyó del poder al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, la administración Trump ha intensificado el cerco sobre Cuba.

Además de poner fin al programa de intercambio de petróleo por médicos entre Venezuela y Cuba —la piedra angular de su alianza estratégica desde mediados de la década de 2000—, el presidente estadounidense ha impuesto un bloqueo petrolero a Cuba que ha interrumpido el suministro de crudo proveniente de proveedores alternativos como México y Rusia. 

De igual modo, ha presionado con éxito a varios países de la región —entre ellos Jamaica, Honduras, Guyana y, obviamente, a Venezuela— para que rompieran sus contratos con las brigadas médicas cubanas,[1] durante mucho tiempo una fuente primordial de divisas para el gobierno, junto a las remesas y el turismo. 

Junto al endurecimiento de las restricciones sobre los viajes desde los Estados Unidos y las transferencias de dinero a Cuba, Trump ha logrado desarticular las arterias económicas de La Habana y situado al régimen al borde del colapso.

Antes de adentrarnos en los argumentos principales de este artículo, cabrían algunas consideraciones preliminares. 

  • Respaldada por sectores cubano-americanos de línea dura —los mismos que han buscado desde hace mucho tiempo el desmantelamiento total del régimen castrista—, la administración Trump está llevando a cabo un uso cruel y profundamente inquietante del sufrimiento humano como herramienta para lograr un cambio político.
  • Al mismo tiempo, y sin restarle importancia al impacto acumulativo del embargo estadounidense, las autoridades cubanas cargan con una responsabilidad significativa tanto por el lamentable estado de la economía como por su respuesta represiva ante las reiteradas protestas de una población cada día más desesperada.
  • En última instancia, si bien un cambio de régimen impuesto desde el exterior rara vez resulta exitoso —a menudo genera violencia e inestabilidad a largo plazo—, de llegar a materializarse ese escenario solo cabría esperar que fomente la reconciliación entre los cubanos de ambos lados del Estrecho de la Florida y mejore las condiciones de vida en la isla.

La lección de Venezuela

Apenas un par de meses después de la destitución de Maduro, las relaciones históricamente conflictivas entre los Estados Unidos y Venezuela han experimentado un giro dramático y sorprendente. 

Aunque Washington presentó la medida como un primer paso de una transición pacífica hacia un gobierno venezolano elegido democráticamente, ambas partes acordaron restablecer los lazos diplomáticos normales sin ningún compromiso formal por parte de Caracas respecto a una transición democrática o a futuras elecciones.[2] 

Mientras tanto, los Estados Unidos están obteniendo considerables beneficios económicos. Trump tomó medidas para controlar la producción, la comercialización y los ingresos derivados del petróleo venezolano, y negoció un acuerdo masivo para vender oro venezolano en el mercado estadounidense. 

Ahora busca atraer inversiones estadounidenses sustanciales hacia los sectores petrolero y minero venezolanos —y potencialmente a otros—, con el fin de ayudar a abrir la economía estatal a las empresas estadounidenses.

En cuanto a Cuba, un Trump envalentonado declaró recientemente que la isla comunista podría convertirse en su próximo objetivo una vez concluidas las operaciones militares en Irán. Predijo que Washington y La Habana pronto llegarían a un acuerdo, e incluso especuló sobre la posibilidad de una “toma de control amistosa” de Cuba por parte de los Estados Unidos.[3]

El caso venezolano sugiere que Trump tiende a priorizar las reformas económicas por encima de las consideraciones políticas al tratar con países hostiles, sobre todo cuando esas reformas generan sustanciales oportunidades de negocio para los Estados Unidos.

Sin embargo, en comparación con Venezuela, Cuba ofrece menos oportunidades y estas resultan menos lucrativas. 

Paralizada por las sanciones estadounidenses y lastrada por las deficiencias de su modelo económico socialista —dominado por el Estado y excesivamente centralizado—, la Cuba contemporánea es una nación empobrecida con una capacidad productiva endeble, infraestructuras obsoletas, recursos naturales limitados y un incipiente sector privado que la administración Trump ha prometido respaldar. 

No obstante, el turismo representa el único sector de la economía  capaz de ofrecer vías de inversión rentables, con retornos inmediatos para las empresas estadounidenses, al tiempo que estimula el crecimiento de los negocios privados a medida que se avance hacia mayores libertades políticas y económicas.

Trump 1.0 vs.Trump 2.0

Durante su primer mandato, Trump abordó la cuestión cubana endureciendo las sanciones económicas que durante más de seis décadas no habían logrado alcanzar sus objetivos principales.

Francamente, su enfoque parecía ser un esfuerzo más por borrar el legado de Obama, a pesar de que el acercamiento con La Habana había beneficiado a los cubanos de a pie y reportado considerables beneficios a varias empresas estadounidenses, sobre todo en viajes y turismo.

Trump 1.0 endureció las normas sobre viajes y transacciones comerciales con Cuba con el objetivo de privar al ejército cubano de dólares estadounidenses, redirigiéndolos en cambio hacia los ciudadanos cubanos y sus pequeñas empresas privadas. Como indicaba una hoja informativa de la Casa Blanca publicada en junio de 2017: “La nueva política desvía las actividades económicas del monopolio militar cubano [...] al tiempo que permite a individuos y entidades estadounidenses desarrollar vínculos económicos con el sector privado de las pequeñas empresas en Cuba”. [4]

En la realidad, la reversión de las políticas de Obama redujo de manera significativa el flujo de visitantes estadounidenses y los ingresos del régimen, pero perjudicó desproporcionadamente a los emprendedores privados.

Pero Trump 2.0 está tratando con Cuba de una manera completamente diferente. 

Dejando a un lado el tímido y en gran medida simbólico esfuerzo por aliviar la crisis humanitaria al permitir la venta de combustible a empresas privadas locales, Trump ha acorralado, en esencia, al gobierno cubano.[5] 

Sus acciones bien podrían propiciar una reestructuración del liderazgo en La Habana como parte de una transición negociada, forzando reformas económicas estructurales y obteniendo importantes concesiones mediante acuerdos comerciales que promuevan los intereses de los Estados Unidos; todo ello sin provocar una confrontación a gran escala.

Vista en contrapicado de la Torre K en La Habana. Un rascacielos moderno de cristal, con líneas rectas y limpias y una fachada reflectante, se eleva de forma imponente hacia un cielo nublado. En la parte superior sobresale una estructura horizontal que rompe la verticalidad del edificio. En la base se observan construcciones más bajas junto a una cerca en primer plano, mientras un poste y cables cruzan parcialmente la escena, acentuando la perspectiva urbana.

En particular, Trump podría asegurar proyectos de inversión estadounidense en el mercado turístico cubano y buscar acuerdos adicionales en sectores complementarios como la energía, el transporte, las telecomunicaciones y el comercio. 

Desde luego, también debería aprovechar sus poderes ejecutivos para flexibilizar las restricciones de viaje y otras sanciones impuestas a Cuba. Incluso podría alentar al Congreso a levantar la prohibición del turismo y desmantelar el embargo en su conjunto. 

Algunos estudios estiman que de no existir la prohibición estadounidense al turismo, entre 2,7 y 5,6 millones de ciudadanos estadounidenses visitarían Cuba anualmente una vez que el mercado se haya ajustado plenamente (Acevedo y Wong 2017; Djiofack et al. 2015; Romeu 2008). 

Dado que el ejército cubano desempeñará un papel central en cualquier transición económica o política, se informa que la versión 2.0 de Trump está intentando llegar a un acuerdo precisamente con las figuras que fueron objeto de las sanciones en la versión 1.0. 

Diversos medios de comunicación estadounidenses han revelado que funcionarios del gabinete de Trump mantuvieron conversaciones secretas con miembros del círculo íntimo de Raúl Castro; presumiblemente con figuras de alto rango dentro del conglomerado empresarial cubano de gestión militar GAESA. [6]

El presidente Miguel Díaz-Canel confirmó esas conversaciones, señalando que fueron encabezadas por él mismo, por Raúl Castro y otros altos dirigentes.[7] De hecho, resulta lógico que los funcionarios estadounidenses mantengan contacto con los máximos líderes militares de GAESA, entidad que controla los sectores económicos más lucrativos de Cuba, incluidos el turismo, el comercio minorista y mayorista, los servicios de remesas y las operaciones de logística y almacenamiento en el puerto del Mariel, entre otras actividades (Vidal 2025). 

La corporación Gaviota, una entidad subsidiaria de GAESA, ha sido prácticamente el único motor de la expansión de la capacidad hotelera de cubana durante la última década, construyendo hoteles y complejos turísticos de lujo en ubicaciones privilegiadas, tanto en La Habana como en el resto del país. 

Los proyectos hoteleros de Gaviota —incluida su adquisición en 2016 de los hoteles boutique, tiendas y restaurantes de Habaguanex en La Habana Vieja— han posicionado a la corporación para obtener enormes beneficios en caso de producirse cambios políticos y económicos importantes e imprevistos. 

Ese momento, tal vez, se esté acercando ya.[8]

El papel clave del turismo

Mientras busca concretar un acuerdo económico con Cuba, la administración Trump podría lograr convenios en diversos sectores de la economía. Sin embargo, el turismo contiene las oportunidades más prometedoras a corto plazo. 

Por encima de todo —además de generar considerables ingresos para las aerolíneas, los servicios de reserva hotelera y las plataformas de alquiler de viviendas y, potencialmente, una vez más, para las líneas de cruceros—, las empresas estadounidenses podrían obtener contratos de gestión para los hoteles de Gaviota, arrendarlos o incluso adquirir participaciones accionarias de control en caso de que Trump, como Obama antes que él, decidiera eximir a ciertos sectores de la economía cubana de la prohibición codificada sobre las inversiones directas de los Estados Unidos en Cuba. 

A diferencia de muchos hoteles pertenecientes a otras corporaciones turísticas cubanas —Cubanacán y Gran Caribe, por ejemplo—, que cuentan con numerosas habitaciones fuera de servicio o en malas condiciones que requieren reformas importantes, la mayoría de los hoteles de Gaviota son relativamente nuevos y pueden ser operados sin necesidad de renovaciones sustantivas.

Cabe destacar también que la empresa canadiense Blue Diamond (oficialmente rebautizada como Royalton Hotels & Resorts en agosto de 2025), propiedad del grupo canadiense Sunwing Travel Group, ha sido la cadena hotelera extranjera más activa en Cuba durante los últimos años. Ha acumulado una cartera de más de treinta hoteles y complejos turísticos que rivaliza con la de la española Meliá Hotels International, tradicionalmente el principal operador hotelero extranjero en la isla. 

En 2021, Sunwing firmó un acuerdo a largo plazo con Marriott para combinar sus conceptos de marca y comercializar al menos veinte hoteles de Blue Diamond —ubicados en México, República Dominicana, Jamaica y otros destinos del Caribe— bajo el sello Autograph Collection de Marriott. [9]

Una vez que se levante el embargo estadounidense, este mismo acuerdo de comercialización podría extenderse a las propiedades de Blue Diamond en Cuba.[10]

En resumen, los acuerdos turísticos y la flexibilización de las restricciones a los viajes de estadounidenses a Cuba podrían servir como catalizadores para una incursión empresarial más amplia en el mercado local, allanando el camino para una expansión significativa de los lazos económicos bilaterales, en paralelo a reformas económicas de gran alcance y conduciendo potencialmente a reformas políticas sustanciales. 

Y lo que es más importante para el pueblo cubano: esto podría dar un impulso decisivo a las operaciones de las mypimes, legalizadas en 2021. No solo potenciaría sus asociaciones recientemente autorizadas con entidades estatales, sino muy especialmente sus alianzas con empresas estadounidenses.[11] 

La creciente presión sobre los dirigentes cubanos probablemente propiciaría la creación de mecanismos para que las mypimes puedan suscribir contratos de asociación económica internacional y constituir empresas mixtas con inversionistas extranjeros.

Aún no está claro cómo gestionará Trump, en última instancia, la situación con Cuba. Ahora mismo está sembrando dudas sobre una posible “toma de control amistosa”.[12] Mientras tanto, el sector turístico nacional, y la economía en su conjunto, se desmoronan bajo el peso de las políticas de Trump.

Sin embargo, la misma persona que se encuentra detrás de este declive podría tener también la clave para su recuperación. Esperemos que sea mediante un enfoque amistoso.

[3] Ruaridh Nicoll, “Trump Suggests US Could Carry Out ‘Friendly Takeover’ of Cuba,” The Guardian, February 27, 2026.

[4] “Fact Sheet on Cuba Policy,” The White House, June 16, 2017, https://trumpwhitehouse.archives.gov/briefings-statements/fact-sheet-cuba-policy/

[5] Frances Robles and David C. Adams, “Trump Gives Green Light to Private Oil Sales to Cuba,” The New York Times, February 28, 2026.

[6] Nora Gámez Torres, “Díaz-Balart: U.S. in Talks With ‘Multiple People’ in Raúl Castro’s Inner Circle,” Miami Herald, March 11, 2026; Marc Caputo, “Exclusive: Rubio’s Secret Squeeze on Raul Castro’s Cuba,” Axios, February 18, 2026.

[8] Frances Robles, “With Fuel Running Out, Cuba’s Tourism Is Collapsing,” The New York Times, March 4, 2026.

[9] For the complete list of Royalton’s (former Blue Diamond) hotels, resorts, and villas in Cuba under the company’s different brands, see https://www.royalton.com/resorts.

[12] Francesca Chambers and Bart Jansen, “Trump Says Regime Change in Cuba May Be ‘Friendly Takeover’ or Not,” USA Today, March 9, 2026.

References

Acevedo, Sebastian, and Joyce Wong. 2017. “Cuba Awakening: Potential Risks and Opportunities.” In Unleashing Growth and Strengthening Resilience in the Caribbean, edited by Trevor Serge Coleridge Alleyne, Inci Ötker, Uma Ramakrishnan, and Krishna Srinivasan, 63–77. Washington, D.C.: International Monetary Fund.

Djiofack, Calvin, Rei Odawara, Maros Ivanic, and Julie Lohi. 2015. “The Impact of Easing the US Travel Restrictions against Cuba on Tourism in the OECS.” Macroeconomics and Fiscal Management Practice Notes 4, World Bank.

Romeu, Rafael. 2008. “Vacation Over: Implications for the Caribbean of Opening U.S.-Cuba Tourism.” Working Paper WP/08/162, Washington D.C.: International Monetary Fund.

Vidal Pavel, "GAESA, el elefante invisible en la estabilización macroeconómica cubana." Horizonte Cubano, Columbia Law School, December 19.

Un hombre vestido con traje oscuro, camisa azul y corbata mira directamente a la cámara.

Paolo Spadoni es profesor asociado en el Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de Augusta. Es autor (junto a José Luis Perelló Cabrera) de The Cuban Tourism Industry: Evolution, Challenges, and Prospects, Bloomsbury Academic, 2025.