Cuba: desequilibrio macroeconómico, crisis de acumulación y sector externo

Antonio Romero Gómez

Para revertir la situación, se requieren transformaciones estructurales radicales en el sistema productivo, empresarial, regulatorio y de incentivos.

Editor's note:

Este trabajo lo dejo inconcluso mi gran amigo Antonio Romero, me lo había prometido para que fuera publicado en el sitio Horizonte Cubano, su desaparición física, impidió terminarlo, he decidido en su honor, hacerle los toques finales, y publicarlo como un homenaje a su gran talento como economista.

Omar Everleny Pérez Villanueva

July 06, 2026

La economía cubana, que desde hace varios años atraviesa una profunda crisis estructural, ha manifestado un agudo deterioro en los principales indicadores asociados al sector externo. 

Todo indica que en un entorno internacional tan incierto como el actual, es posible que se refuercen las tendencias negativas del insostenible patrón de relacionamiento externo cubano vigente. 

Varios economistas cubanos han insistido en que sin un coherente, efectivo y decidido programa de estabilización macroeconómica, y sin transformaciones estructurales profundas, no es posible modificar el perfil de inserción externa de Cuba. 

En términos generales, al hablar de estabilización macroeconómica se ha puesto el énfasis en los equilibrios internos (déficit fiscal-inflación), pero los programas de estabilización tienen que ver también, especialmente en economías como la de Cuba, con la estabilización de la balanza de pagos. Por tanto, en el caso de la economía cubana, un objetivo fundamental de la estabilización debería ser el equilibrio de las cuentas externas. 

No obstante, hay que incorporar la noción de transformaciones estructurales profundas para enfrentar el retroceso económico y el deterioro del sector externo nacional en los últimos años. 

En este artículo se presentan algunas ideas (de manera sintética) para vincular la crisis económica y del sector externo, la necesaria estabilización macroeconómica, la reforma estructural y la modificación en el perfil de relacionamiento económico externo de Cuba.

Indicadores de la actividad económica y del sector externo 

En los últimos años, Cuba ha descrito una trayectoria regresiva y con acumuladas distorsiones, tanto a nivel macro como micro. Esta negativa trayectoria se expresa en un estancamiento en los ritmos de crecimiento económico desde hace una década, y con cuatro años de recesión económica en el período 2019–2024. 

Al mismo tiempo, se registra un aumento insostenible en los niveles de déficits fiscales, con saldos negativos en las finanzas públicas de dos dígitos respecto al PIB de 2020.

Como resultado de esta perversa combinación —junto a otros factores—, desde 2020 se experimenta un incremento en el índice de precios al consumidor (IPC) con sus dramáticos efectos sobre los niveles de ingreso y de consumo de la mayoría de la población, y una aguda depreciación del poder de compra de la moneda nacional. 

En definitiva, Cuba está inmersa en un período de estanflación que ya se prolonga durante más de cinco años, con todas las implicaciones sociales, políticas e institucionales que ese entorno económico genera. 

La imagen presenta una tabla con los principales indicadores económicos de Cuba entre 2014 y 2024. Se observa una fuerte caída del PIB en 2020, una recuperación parcial en 2021 y 2022, y nuevos descensos en 2023 y 2024. La inflación alcanza su nivel más alto en 2021 y disminuye en los años siguientes, mientras el saldo fiscal permanece negativo durante todo el período. La información proviene del Anuario Estadístico de Cuba de la ONEI.

Un indicador clave que explica en gran medida el estancamiento secular de nuestra economía, agudizado en el período más reciente, es el coeficiente de inversión bruta como proporción del producto total generado, que promedió escasamente el 10,9% en el decenio 2014–2023. 

Este “esfuerzo inversionista” no ha sido siquiera suficiente para garantizar niveles mínimos de reproducción simple, por lo que desde hace ya mucho tiempo el desempeño de nuestra economía no ha permitido siquiera reponer el capital que se consume/destruye como parte del proceso productivo. 

Lo anterior significa que no ha habido capacidad ni para ampliar el potencial productivo de la nación, ni para impedir el proceso de descapitalización de la infraestructura física y productiva. 

En gran medida, constituye la expresión más evidente de lo que la literatura económica denomina “crisis de acumulación”, y debe entenderse como la naturaleza esencial de la crisis económica de Cuba hoy día, condición imprescindible para comprender el calado de los cambios estructurales que requiere el país para poder superar la actual etapa crítica. 

En definitiva, las crisis de acumulación solo son superables cuando se transforma el patrón de acumulación, entendido en su acepción más general como modificaciones esenciales de la interacción entre las fuerzas productivas y el sistema de relaciones sociales de producción.   

Ese proceso de descapitalización de la infraestructura productiva —y no solo productiva— de la nación está en la base del acentuado deterioro de los niveles de producción, productividad y competitividad de la economía; y por consiguiente, esencialmente explica los severos niveles de restricción externa que ha venido enfrentando recurrentemente la economía nacional. 

Debe resaltarse que el muy bajo nivel de formación bruta de capital fijo que ha registrado Cuba durante las últimas dos décadas, se da además con la peculiaridad de que la reducida inversión se concentra sectorialmente de manera excesiva en las infraestructuras e inmuebles para el turismo; al tiempo que los recursos de inversión destinados a la agricultura, la industria manufacturera y la innovación son mínimos. 

La crisis de acumulación en la que está inmersa desde hace tiempo la economía cubana, esa que define las condiciones estructurales domésticas, ha resultado determinante en la configuración, desarrollo y consolidación del patrón de inserción económica externa. Ellas, en gran medida, explican las características que ha descrito el patrón de relacionamiento externo de la economía cubana desde hace años, acentuadas ahora, a saber:

  • La muy reducida capacidad de sustituir importaciones por producción doméstica y de transformar la producción interna en exportaciones.
  • La muy alta voracidad importadora de la economía nacional.
  • La incapacidad para aprovechar ventajas de acceso preferencial a importantes mercados externos garantizados por acuerdos comerciales y de cooperación vigentes.
  • La acentuada pérdida de participación en los intercambios mundiales, y la no modificación de su estructura exportadora en los últimos años.
  • Ciclos recurrentes de agudas crisis de liquidez financiera externa, a pesar del éxito alcanzado en procesos de renegociación de deudas con el exterior que implicaron la condonación de montos importantes de las obligaciones financieras acumuladas.
La imagen presenta una tabla con datos del comercio exterior y la cuenta corriente de Cuba entre 2014 y 2023. Se observa un deterioro del saldo comercial total a partir de 2021, debido al persistente déficit en el comercio de bienes. El superávit del comercio de servicios disminuye durante el período y no logra compensar completamente ese déficit. La cuenta corriente también pasa de valores positivos a negativos entre 2020 y 2022.

Revertir el patrón antes descrito implica transformaciones estructurales de carácter radical que modifiquen la estructura productiva, la organización y el tejido empresarial, el mecanismo de asignación de recursos, el sistema de incentivos, el perfil de distribución de ingresos y las normas fundamentales que regulan la economía. 

Parte importante de los lineamientos de la política económica y social, aprobados en diversas actualizaciones en los últimos tres congresos del Partido; y que recurrentemente han mostrado un elevadísimo nivel de incumplimientos, incorporaban muchos de los cambios necesarios para remontar el estancamiento, las distorsiones, la ineficiencia y las vulnerabilidades externas.

La imagen presenta una tabla con indicadores de las finanzas externas de Cuba para 2010, 2014, 2021 y 2022. Se observa un aumento de la deuda externa y una mayor relación entre la deuda y el PIB a partir de 2021. Al mismo tiempo, disminuyen los flujos de inversión extranjera y las reservas internacionales. La tabla también incluye datos sobre el servicio de la deuda y las remesas recibidas.

Propuestas de acción a corto plazo

Hay algunas medidas y decisiones de política que pudieran implementarse en el más breve plazo. Ayudarían a modificar algunos de los cuellos de botella que impiden una mejoría coyuntural en la situación externa de la economía nacional. Dentro de ellos, estarían los siguientes:

  • Redefinir prioridades de la política de inversiones para apoyar el fomento productivo. Esto crearía condiciones para aumentar, en el corto y mediano plazo, las posibilidades de sustitución de importaciones, especialmente productos alimenticios; y en el mediano y largo plazo, aumentar exportaciones. Requeriría desplazar inversiones públicas que hoy se realizan en proporción muy significativa para el sector del turismo, hacia la agricultura y la manufactura, y en especial para la infraestructura energética.
  • Flexibilizar normas y mecanismos vigentes que, en la práctica, constituyen un desincentivo a la exportación y la sustitución de importaciones, tanto por las empresas estatales como por las formas de gestión de estatal (FGNE).  Esto implicaría otorgar mayor autonomía, como parte de una reforma integral del sistema empresarial, a las empresas estatales, y reducir más los trámites burocráticos, la permisología y los consiguientes costos logísticos y normativos asociados a proyectos y actividades de exportación y sustitución de importaciones, tanto para el sector no estatal como por las empresas del Estado.
  • Sería muy útil valorar la implementación de un conjunto de medidas e instrumentos utilizados ampliamente en varios países en desarrollo no solo para fomentar las exportaciones, sino para facilitar los múltiples procesos vinculados al comercio exterior.

La Ventanilla Única de Comercio Exterior (VUCE), así como la VUIEX (Ventanilla Única para la Inversión Extranjera) son instrumentos de larga data utilizados en el mundo. Pero en el caso de Cuba distan mucho de las condiciones de integración, de inter-operatividad, de otorgamiento automático de licencias, certificaciones y autorizaciones. Tienen todavía limitaciones importantes en tres niveles: a) respecto a la arquitectura técnica de la ventanilla; b) en relación con su arquitectura informática; y c) en el nivel de gobernanza de esos mecanismos. 

  • Modificación radical y en el corto plazo de la concepción vigente sobre política cambiaria, lo cual debiera implicar la transformación de la estructura y el tipo del mercado cambiario, de la tasa de cambio y del régimen cambiario. Sin esto es muy poco probable que se estimulen las exportaciones y la sustitución eficiente de importaciones. 

Estos cambios resultan componentes de la estabilización macroeconómica y las reformas estructurales, lo que en todo caso coadyuvaría también al necesario proceso de desdolarización, sin el cual es muy difícil garantizar los niveles mínimos de credibilidad en la política económica nacional que resultan esenciales tanto para la estabilización como para el reimpulso económico.   

  • Aprobar e instrumentar la largamente postergada normativa que permita de manera transparente el establecimiento de negocios con capital extranjero de las formas de gestión no estatal (FGNE) y, al mismo tiempo, someter a revisión el marco regulatorio y las políticas vigentes para atraer a este capital. Todavía existen disposiciones restrictivas que no consideran el alto riesgo que asumen los inversionistas foráneos cuando apuestan por hacer negocios en Cuba.
  • Favorecer, a partir del establecimiento de principios y medidas flexibles y de respeto absoluto a su naturaleza eminentemente privada, los flujos de remesas a cubanos residentes en el país, sobre todo aquellas que pudieran vincularse, directa o indirectamente, al desarrollo de emprendimientos productivos. Para esto resulta necesaria la aprobación de la normativa sobre los negocios con capital extranjero de las FGNE.
  • Definir una estrategia integral para la renegociación de las obligaciones financieras con el exterior que ha acumulado Cuba en estos últimos años; el país se encuentra, de nuevo, en situación de default. Ello debe comprender los diferentes componentes que se incluyen dentro del concepto de “deuda con contrapartes externas”; a saber: a) deudas con los acreedores oficiales —Club de París, con el cual se había renegociado de manera muy favorable en el 2015, lo que incluyó la condonación del 90%—; b) con los acreedores privados —el denominado Club de Londres; c) la deuda de corto plazo con suministradores; y d) de manera importante en el caso cubano con los inversionistas extranjeros.

Por la trascendencia que tiene esto último para lograr mayores flujos de inversión extranjera directa, debería adoptarse un mecanismo financiero consensuado sobre la base de un menú de opciones, para honrar deudas acumuladas con los inversionistas extranjeros. 

  • Por supuesto, la credibilidad necesaria para avanzar en una negociación seria y compleja con los acreedores pasa necesariamente porque las autoridades cubanas muestren avances perceptibles, tanto en la estabilización macroeconómica como en las reformas estructurales. Sin lo anterior —es decir, sin un horizonte creíble y consensuado de modificaciones radicales de la estructura económica nacional—, se repetirá el ciclo perverso de renegociación, en el mejor de los casos con ciertos niveles de condonación. Y de nuevo, en pocos años, se volverá a experimentar una crisis de liquidez externa e incumplimiento de los pagos pactados.

Conclusiones

La economía cubana está en una crisis estructural profunda, marcada por estancamiento, recesión, altos déficits fiscales e inflación prolongada. Más de cinco años de estanflación han deteriorado el nivel de vida.

La causa central es una crisis de acumulación. Cuba invierte muy poco (solo 10,9% del PIB como promedio), insuficiente incluso para mantener su infraestructura productiva. Esto ha generado descapitalización y pérdida de capacidad productiva.

Tal debilidad interna ha producido un patrón externo insostenible, caracterizado por alta dependencia a las importaciones, poca capacidad exportadora, pérdida de mercados y crisis recurrentes de liquidez externa.

Las políticas económicas y los lineamientos oficiales han sido insuficientes y con un alto nivel de incumplimiento, lo que ha impedido corregir distorsiones y avanzar en las reformas necesarias.

La deuda externa ha crecido hasta niveles críticos, y Cuba ha vuelto a caer en default. Sin reformas profundas, el país repetirá ciclos de renegociación e incumplimiento.

Para revertir la situación, se requieren transformaciones estructurales radicales en el sistema productivo, empresarial, regulatorio y de incentivos.

Redirigir inversiones hacia sectores productivos, flexibilizar normas para exportar, modernizar ventanillas únicas, reformar la política cambiaria, permitir capital extranjero en actores no estatales, facilitar remesas productivas y renegociar la deuda con una estrategia integral, son urgencias impostergables de la hora.

Un hombre vestido con saco oscuro y camisa blanca está sentado a una mesa de madera durante una reunión o conferencia. Mira atentamente hacia un lado con expresión seria. Sobre la mesa hay documentos, un par de gafas y un teléfono móvil. Al fondo se observa un mural artístico en tonos blanco, negro y marrón.

El economista cubano Antonio Romero Gómez (1961–2025), mejor conocido entre sus colegas y amigos como Tony Romero, falleció en La Habana el pasado 22 de noviembre. 

Entre su obra publicada, sobresalen estudios e investigaciones sobre temas de economía internacional, relaciones económicas internacionales con énfasis en los aspectos de comercio internacional, integración y cooperación en América Latina y el Caribe, la inserción de la isla en un mundo globalizado y la transformación del modelo económico y social cubano.

En Horizonte Cubano tuvimos el privilegio de tenerlo como colaborador y de contar con su entusiasmo y su crítica. Por eso ahora estamos publicando un trabajo que le habíamos pedido, inconcluso por su muerte prematura y terminado gracias a la labor de nuestro equipo.

Vaya entonces como un modesto y sentido homenaje a Tony, uno de los economistas cubanos más destacados de su tiempo