El papel creciente de la diáspora cubana en el contexto de los cambios en la Isla

imagen de la bandera americana con un barco navegando en su dirección con una bandera cubana

Denisse Delgado Vázquez
University of Massachusetts, Boston


Hay una tienda en Miami en la que se pueden comprar uniformes escolares para los cubanos de la Isla. Los uniformes tienen exactamente el mismo diseño, aunque no la misma tela. La gente los compra y los envía a Cuba, una especie de remesa material. Estos uniformes se fabrican en Hialeah, una ciudad en los alrededores de Miami, para luego ser comercializados en La Habana.

El establecimiento, llamado “Ñooo, qué barato”, ha sido considerado “una tienda en Miami para aliviar la escasez en Cuba” (VoaNoticias, enero 22, 2019). Durante mi visita a uno de sus locales, me encontré casualmente con un amigo. Estaba llamando a su ex esposa en Cuba mediante WhatsApp para que le confirmara la talla de los pantalones del uniforme de su hijo.

fachada de tienda en amarillo con letras en rojo y ropa colgando al aire libre

El niño es demasiado alto para los uniformes que se venden en la Isla; no obstante, debe usarlo de cualquier modo. Mi amigo está satisfecho por poder comprar estos pantalones en Miami para que su hijo cumpla con las regulaciones de la escuela y ni los profesores ni el director le llamen la atención.

dos maniquíes infantiles con uniformes cubanos

Se trata de un buen ejemplo de transnacionalismo: la tecnología --en este caso, el uso de WhatsApp mediante Internet-- ayuda a mantener las funciones económicas de la familia mediante lazos económicos y culturales más allá de las fronteras geográficas. Y ello da lugar, a su vez, a un nuevo producto: un uniforme que, aunque similar, no resulta idéntico al que se produce en Cuba.

En mi trabajo de doctorado, así como en mi papel como colaboradora del Proyecto de Desarrollo de Capacidades de Cuba: Horizonte Cubano de la Facultad de Derecho de Columbia, estoy explorando el uso de las remesas económicas y culturales en las dinámicas cotidianas de los cubanos, y en el emergente sector no estatal de la economía.

Miami es, precisamente, un espacio fascinante para comprender cómo se produce el fenómeno de la migración transnacional. Al encontrarse a solo 90 millas de Cuba, es allí donde se ha asentado la mayor comunidad cubana que vive en el exterior. En general, se estima que hay alrededor de 2.4 millones de cubanos residiendo en el extranjero (Censo de EE. UU., 2017), y que de ellos,1.5 millones viven en la Florida. Esto representa alrededor del 2.5% del total de migrantes cubanos. (DACCRE Dirección de asuntos consulares y cubanos residentes en el extranjero).

Cambios en la composición de la diáspora y participación económica

Durante las últimas décadas se vienen produciendo cambios en la composición y las dinámicas de la diáspora cubana en Miami, en la medida en que las generaciones más jóvenes, las que emigraron después de 1995, así como las segunda y tercera generaciones, mantienen lazos estrechos con la Isla (Cuba Poll, FIU, 2018).

Según la encuesta de 2018 a cargo de la Universidad Internacional de la Florida, hoy los cubanos están más dispuestos a acercarse a Cuba que en el pasado, y en ello resaltan de manera especial las generaciones más jóvenes, los que llegaron después de 1995 o la segunda y tercera generación. (Encuesta de Cuba, 2018: 4).

Quienes emigraron después de 1995 estuvieron motivados por razones económicas más que políticas, si bien estas últimas no desaparecen; la segunda y tercera generación podrían pensar en Cuba y la migración como algo del pasado cuyas experiencias afectan más directamente a sus padres y abuelos.

La política de la administración Obama favoreció el intercambio entre ambos territorios. Los viajes a la Isla crecieron exponencialmente. Con la llegada de cruceros de Estados Unidos a Cuba, más de 521,000 cubanos visitaron la Isla en 2018. De hecho, desde el 1 de enero al 30 de abril de 2019 llegaron más norteamericanos en cruceros (142,721) que visitantes en avión (114,832), según un artículo publicado por OnCuba News (OnCuba, 6 de junio de 2019). Estados Unidos fue la segunda mayor fuente de visitantes a Cuba hasta abril; los viajes en crucero habían crecido un 48% en comparación con el año anterior (Ministerio de Turismo de Cuba, Agencia EFE).

cruise ship arriving in Havana Harbor with people on shore waiving cuban flags

Los cubanos en la Isla se adaptaron rápidamente a la nueva dinámica y a la posibilidad de emprendimientos privados. Pudieron aprovechar los beneficios turísticos de norteamericanos y cubano-americanos, muy apreciados por la costumbre de dejar propinas que favorecieron sobre todo a quienes trabajan de manera directa con el cliente.

Las visitas a Cuba significaron para los norteamericanos, así como para las segunda y tercera generaciones de cubano-americanos, la oportunidad de interactuar con la gente y de conocer una realidad no contada -y en ocasiones distorsionada- tanto por los medios de comunicación de Cuba como de los Estados Unidos.

Por su parte, norteamericanos y cubano-americanos transmitieron a las personas en Cuba su propia realidad, con más matices de lo que muestran los medios de comunicación. Fue una oportunidad para el mutuo reconocimiento y el redescubrimiento.

Los datos también respaldan el hecho de que las experiencias de los cubano-americanos han cambiado. En 2018, el 57% de los encuestados estaban de acuerdo con el viaje sin restricciones de todos los norteamericanos a Cuba. La mayoría de los cubano-americanos del condado de Miami-Dade (68%) apoyaron la expansión o el mantenimiento de relaciones comerciales con Cuba por parte de empresas norteamericanas (Cuba Poll, FIU, 2018).

Permitir inversión por ciudadanos americanos en negocios cubanos [i]

Imagen con dos grupos de tablas con columnas rojas y azules

Gráfico: Cuba Poll, FIU, 2018.

Si bien los recién llegados son menos solventes que las oleadas migratorias anteriores, además de ser racialmente más diversos y más jóvenes, se encuentran más dispuestos a apoyar políticas de acercamiento con Cuba. Muestran una posición más flexible, abierta y favorecedora para la reconciliación.

Por otra parte, el envío de remesas, así como la participación mediante inversiones en empresas privadas, ha aumentado de manera sostenida durante los últimos diez años. En épocas anteriores, las remesas enviadas por la diáspora cubana se utilizaban principalmente para cubrir las necesidades básicas del hogar --alimentos, ropa y vivienda--, aunque también ayudaban a subsidiar el desarrollo de pequeños restaurantes privados, conocidos como “paladares”.

En 2011 el gobierno cubano introdujo un conjunto de reformas económicas para impulsar el sector privado. Los datos sobre el desarrollo de pequeñas y medianas empresas privadas en Cuba reflejan una incorporación cada vez mayor de estas en el mercado.

Antes de 2010, la cifra era de alrededor de 157,000; para septiembre de 2019 había 617,974, es decir, el 13% de todos los trabajadores del país, según el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. En la medida en que ha crecido el número de personas que trabajan por cuenta propia, las remesas también han seguido aumentando. Se piensa que un monto considerable se destina a contribuir al desarrollo de esas mismas iniciativas privadas (3,600 millones en 2017 según Havana Consulting Group, con sede en Miami).

billete de un dollar con grafico superpuesto demostrando el crecimiento de las remesas a Cuba

Gráfico: Havana Consulting Group, Miami, Florida, 2019 [ii]

Además de ayudar con las necesidades básicas, una proporción de esos estimados sobre remesas en realidad constituye un capital de trabajo para desarrollar negocios privados. Ha favorecido un mejoramiento de la situación económica de familiares, amigos, vecinos o socios receptores. La mitad de los encuestados por FIU (Cuba Poll, 2018) invertiría en pequeñas empresas en Cuba si se les permitiera, sobre todo las generaciones que han llegado al Sur de la Florida recientemente (58.6% expresa apoyo después de 1995), y quienes tienen entre 18 y 39 años. El 69% de los encuestados no nacidos en la Isla también apoyan la apertura de oportunidades de inversión.

De estos, el 46% invertiría en un negocio propio en Cuba. Pero los llegados antes de 1980 pronuncian un "no" casi rotundo a las inversiones personales en la Isla (66%), lo cual marca una diferencia generacional.

Las inversiones en iniciativas privadas en Cuba tienen un impacto significativo, toda vez que generan empleos y ayudan a quienes pretenden a salir de la pobreza. El criterio del economista cubano Omar Everleny Pérez resulta interesante. En 2015, dijo en una entrevista para un estudio sobre remesas en Cuba: " A diferencia de los mexicanos que van a trabajar a Estados Unidos y envían remesas para mantener a su familia, en el caso de Cuba se ha mezclado. Como no puede venir dinero para inversiones de parte de Estados Unidos por vía bancaria, lo envían como remesa, es capital de trabajo. En un envío mandan 5.000 USD y en otro 4.000 USD” (Delgado, 2017).

Por un lado, a la diáspora cubana no se le ha permitido realizar inversiones bancarias en Cuba debido a las limitaciones establecidas por ambos gobiernos. Por otro, envían grandes cantidades de remesas para contribuir al desarrollo de negocios privados. Esto resulta relevante, pues subraya la particularidad y complejidad de la participación económica de la diáspora en la economía familiar cubana con respecto a otras comunidades de la región.

La fluidez de las remesas socioculturales, las redes sociales y la transmisión de conocimiento

Las remesas sociales explican la transmisión de nuevas ideas, prácticas e identidades, conceptos, conocimientos y valores entre diferentes territorios. Las remesas culturales se refieren a expresiones de cultura que viajan y se alteran debido al intercambio de lenguas, música, literatura, pintura y otros géneros artístico-literarios.

En mi experiencia de investigación durante las vacaciones de verano de 2019 en el Sur de la Florida, fui testigo del nombramiento de una calle en honor al cantante y compositor cubano Carlos Oliva.

También pude apreciar las 22 pinturas cubanas que adornan las paredes exteriores de la histórica biblioteca pública en Hialeah. La admiración y el disfrute por la música y el arte cubanos evidencian la importancia de mantener vivos los aspectos culturales y la identidad al atravesar los mares. 

Otra área de conexión es la moda y la jerga que intercambian continuamente las dos geografías. Fácilmente se identifica la similitud en la vestimenta de los jóvenes cuando salen en una noche de fin de semana en Miami y en La Habana. Similar entre sí, pero muy diferente a la manera de vestir de sus pariguales en Boston, incluso durante el verano. Del mismo modo, la música que se escucha y la jerga que se utiliza en Miami y en La Habana confirman que hay un canal continuo de comunicación y retroalimentación donde las personas de ambos lados actualizan su vocabulario.

Por otro lado, la transmisión de nuevas ideas y valores a nivel familiar entre las dos orillas constituye un elemento esencial de la comunicación. En mis conversaciones con cubanos residentes en Miami, se recalcaron aprendizajes  como el valor y respeto por el tiempo, así como por la puntualidad, especialmente en el trabajo, la importancia de una remuneración coherente con el trabajo realizado y el tiempo empleado en el mismo, la importancia de ser económicamente independiente y autosuficiente, así como comprender que el auto-reconocimiento de méritos propios no constituye una actitud arrogante, aunque algunos familiares y amigos la entiendan como “falta de modestia”. Esos elementos fueron considerados, además, fundamentales para el desarrollo de habilidades empresariales de los familiares en Cuba.

Esta transmisión de ideas ha sido posible debido al papel que las redes sociales han jugado en los procesos de comunicación. Hoy en día los lazos entre Miami y Cuba son más intensos, frecuentes y simultáneos debido a llamadas y recargas de servicio celular, la mensajería móvil, los correos electrónicos, el uso de Facebook, Instagram, WhatsApp, YouTube, diversos chats, foros y otras plataformas virtuales. Estas plataformas rompen barreras de comunicación que imponía la distancia física en el pasado.

Un área de conexión entre las redes sociales y la dinámica transnacional ha sido la ayuda humanitaria que algunos grupos han ofrecido a las personas que viven en la Isla. Por ejemplo, el 27 de enero de 2019 un tornado azotó La Habana, desastre natural totalmente inesperado que destruyó comunidades y afectó a innumerables familias. Organizaciones como Amigos de Caritas Cuba (Boston) establecieron su sitio web para enviar ayuda monetaria y apoyar a las comunidades afectadas en La Habana.

Además de la rápida respuesta de grupos previamente organizados, muchos cubanos que viven en el extranjero unieron sus fuerzas para recolectar, empacar y enviar ayuda. Hubo miembros de la diáspora que contactaron con negocios muy populares en Cuba, así como con proyectos culturales independientes, para enviar sus contribuciones, trasladadas a las comunidades afectadas. Miembros de la diáspora y empresarios que viven en Cuba utilizaron redes sociales como Facebook y WhatsApp para organizarse a una velocidad sorprendente. Esto demostró la capacidad de ambos actores, capaces de generar un impacto en la vida cotidiana de las personas. A diferencia del pasado, no esperaron la orientación del gobierno sobre qué hacer, ni cómo, ni cuándo.

Por su parte, el uso de Internet para transmitir nuevas ideas y conocimientos también se entrelaza con la innovación. Hace unos meses, tuve una conversación con un amigo, ingeniero informático y webmaster que vive en Estados Unidos. En su casa, tiene una máquina para extraer y adquirir una moneda digital llamada Bitcoins. Al trabajar con la tecnología blockchain, recopila información sobre transacciones, una criptomoneda, la cual usa para hacer criptocargas que recargan teléfonos celulares de residentes en Cuba.

Como parte de esta empresa, mi amigo ha creado una aplicación de software mediante la cual él y su primo en Cuba pagan los teléfonos celulares de sus clientes locales utilizando Bitcoins. Mientras a su primo los residentes cubanos le pagan en pesos convertibles cubanos (CUC - la moneda fuerte cubana) por recargar sus teléfonos, mi amigo en los Estados Unidos usa su saldo de Bitcoins para hacer la recarga. De esta manera, Bitcoins se ha convertido en una moneda aceptable para pagar el servicio de telefonía celular en Cuba. Las ganancias generadas por esta empresa se quedan en la Isla. Se comparten con su primo y una parte se utiliza para mantener a la familia de mi amigo. 

Esta solución innovadora sugiere varios resultados.

  • En primer lugar, quienes tienen solvencia, pero no un familiar en el extranjero, pueden recargar los datos de su teléfono celular desde Cuba.
  • En segundo lugar, otras personas que viven en el extranjero y con acceso a Bitcoins, pueden usarlas para apoyar el uso del teléfono celular de sus familias en Cuba. Mediante este método, les están brindando apoyo económico desde fuera del país.
  • En tercero, como esta forma de ayuda no pasa por la Western Union --medio por el cual se ha enviado tradicionalmente efectivo--, servicios de paquetería o las llamadas “mulas” (como se conoce a personas que van y vienen de Miami a Cuba llevando bienes y dinero), mi amigo encuentra una manera de ayudar económicamente a su familia sin pagar impuestos.
  • En cuarto, al transmitir un nuevo conocimiento a su primo en Cuba, le enseña cómo usar las nuevas tecnologías para ganar dinero y capitalizar la ayuda.
  • En quinto, como me dijo, le enseña a su primo el concepto de inversión: “incluso si tiene poco dinero, aprende que si sacrifica lo que tiene, lo puede recuperar con creces”.
  • En sexto, también le enseña el concepto de crédito --al que pocos tienen acceso en Cuba-- cuando le ha prestado dinero para la compra de otros productos, pero sabe que se lo debe devolver.

Todo lo anterior funciona en un espacio transnacional y virtual donde ellos operan como actores de una misma dinámica económica, pero desde diferentes geografías. También muestra que a pesar de la escasez económica, los cubanos son creativos a buscar alternativas.


Una versión de este artículo fue publicada anteriormente en ReVista, Harvard Review of Latin America.


[i] El cuadro anterior muestra dos columnas. Las azules representan a quienes favorecen la inversión en Cuba; las rojas, a quienes se oponen. El primer conjunto de columnas presenta los datos por fecha de migración: antes de 1980, entre 1980 y 1994 y entre 1994 y 2018, y finalmente los no nacidos en Cuba. El segundo muestra los datos por grupo de edad: 15-39, 40-59, 60-75 y más de 75 años.

[ii] Esta imagen de un signo de dólar muestra el aumento constante de las remesas a Cuba. Durante el período 2000-2018, totalizaron 30 mil millones de dólares. Pasaron de US $ 1.5 mil millones por año en 2010 a US $ 3.7 mil millones en 2018.